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MUJERES PRIVADAS DE LIBERTAD ALZAN SU VOZ EN ENCUENTRO FEMINISTA

Muchas veces la voz de las privadas de libertad es visibilizada en medios de comunicación con una carga de estereotipos y juicios que revictimizan a la mujer, y son pocas las oportunidades donde se les da voz a éstas y se logra el cuidado necesario de la información sin que genere en la opinión pública mofa o falta de sensibilidad.

El Primer Encuentro Intergeneracional Feminista, organizado en Ciudad Panamá por el Espacio de Encuentro de Mujeres y el Colectivo Tener Ovarios, se llevó a cabo el segundo fin de semana de marzo, y fue uno de esos momentos seguros que encontraron las mujeres privadas de libertad del Centro Femenino de Rehabilitación Cecilia Orillac de Chiari (CEFERE) y de la sección femenina del Complejo Penitenciario Nueva Esperanza en Colón, para enviar su sentir mediantr un comunicado, con el fin de que se conozcan sus condiciones de vida y desde la sororidad femenina, buscar se les protejan sus derechos.

La necesidad de elevar su voz atiende a diferentes demandas que ameritan una revisión urgente por parte de una sociedad panameña, firmante y que debe ser garante de los derechos humanos, sin distinción.

En cuanto a condiciones de salud, las privadas de libertad denuncian:

– Proliferación de ratas, moho, aguas servidas y otras alimañas, las cuales les afectan y pone en riesgo de contraer enfermedades.

– La manipulación de los alimentos es en un área insalubre, ya que a un lado de la cocina del CEFERE se encuentra una zanja con todo tipo de desechos y malos olores.

– En el caso de Colón, no hay una dieta balanceada para las personas con enfermedades crónicas y la mayoría de las veces los alimentos vienen crudos y fuera de horario, eso sin tomar en consideración que regularmente en este centro carecen de agua (frecuencia de tres veces al día, por una hora).

– Los gastos que hace el Estado panameño para sus alimentos forman parte de un negociado y no van acorde con lo suministrado a la población ni a la cantidad de habitantes.

– La clínica del centro no cuenta con la suficiente cantidad de medicamentos y siempre se cancelan las citas médicas en centros hospitalarios extramuros por falta de personal de la policía y transporte. De la misma forma, hay mujeres sin operar, sin atención a especialistas o a quienes no les entregan los resultados de los exámenes que ya se han realizado.

Sobre los procesos, reclaman:

– Les parece una burla que haya tantas mujeres privadas de libertad recluidas mientras se encuentran en proceso, lo cual viola su derecho a la inocencia y debido proceso. Más aún, tomando en cuenta que muchas de las que están en este lugar es por haber estado en el momento o lugar equivocado, o sencillamente han sido el pez más débil de la cadena y el más fácil de enjuiciar y culpar.

– Tanto los abogados (particulares y de oficio) como personal administrativo y del sistema de justicia, dilatan los procesos al no ser eficaces a la hora de hacer su trabajo, agrandando la mora judicial y su instancia en este lugar. Algunos ejemplos son: los retrasos en la entrega de mandamientos y documentos judiciales, los cambios de juicio, pérdidas de audiencias (hasta 7 veces seguidas), ineficacia al momento de clasificaciones y evaluaciones psicológicas, y pérdida de registro de conmutaciones.

– Se sienten ignoradas y que no les toman en cuenta para las rebajas de pena, libertades condicionales o perdones.

Respecto a sus familias, puntualizaron:
– No todas las mujeres reciben visitas ya que la mayoría viven en condiciones empobrecidas o son extranjeras, y las que reciben visita lo hacen dentro de una infraestructura defectuosa y por un tiempo limitado.

– Las requisas por las que pasan los y las familiares son bochornosas.

– La burocracia para obtener una visita conyugal es sumamente complicada, siendo un componente de la desintegración familiar. Apenas un 1% de las privadas de libertad accede a una visita conyugal.

Las privadas de libertad en Panamá dejaron un silencio de consternación, quizás impotencia o molestia en las presentes en el I Encuentro Intergeneracional Feminista, que sin lugar a dudas incluye dentro de su declaración aportes de quienes dependen de la voz de las mujeres que gozamos de esa anhelada libertad, y tenemos el poder de ser eco o no de esta voz que está amurallada.

Eugenia Rodríguez, quien lleva un trabajo de acompañamiento con las privadas de libertad, y moderó la Mesa “Sobre los feminismos: un movimiento en permanente construcción y cambio”, durante el Primer Encuentro Intergeneracional Feminista, tiene una reflexión al respecto, y apunta a que las mujeres privadas de libertad, se encuentran con un sistema de justicia ciega, patriarcal, que no les reconoce sus derechos a salud sexual y reproductiva ni de vínculos familiares. Por tanto, estamos ante una ceguera de género para comprender el delito, una ceguera de género para juzgarlas y una ceguera de género para encerrarlas.

La investigadora, manifestó que es importante recordar que desde la mirada del feminismo, se trata de mujeres en las cuales el contexto del delito en el que incurren tiene mucho que ver con situaciones de marginación, pobreza, explotación y alta vulnerabilidad, siendo un eslabón débil por el hecho de ser mujeres. Además, mencionó, el aspecto económico, la presión por el hecho de ser jefas de hogares con altas cargas domésticas y económicas y mínimas oportunidades laborales y menos en el sector formal, les hace presa del mundo de las drogas, y eso lo explica el hecho que el 70% de las mujeres privadas de libertad han incurrido en este tipo de delitos.

A veces debemos aprender a leer las líneas, que no son siempre las mismas y recordar, como expresan las mujeres privadas de libertad en el comunicado por el Día Internacional de la Mujer: “Las mujeres que estamos aquí somos madres, hijas y compañeras, la gran mayoría seguimos siendo jefas de hogar, y desde la privación de libertad se nos deterioran nuestros lazos familiares. Estando aquí hemos perdido nuestras familias y al dejar de producir, por estar en este lugar, nuestros hijos empiezan a tener carencias, tanto emocionales como económicas. Creemos que las políticas públicas que hay en torno a las cárceles debe cambiar y que este lugar no siga siendo un depósito de personas.”

Por Sharon Pringle Félix
Foto de Eugenia Rodríguez

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