Bolivia insurgente: la movilización popular sigue exigiendo transformaciones profundas

Written by | Bolivia, Internacionales

Ante el vacío de representación —producto de la pérdida de la brújula política del MAS, del fetichismo del poder y del caudillismo—, la fuerza de las organizaciones sociales bolivianas, lideradas por la Central Obrera Boliviana y los movimientos campesinos e indígenas, demuestran la capacidad real de equilibrar el poder desde la acción directa. Esta fuerza se expresa orgánicamente, frente a una gestión gubernamental que, tras haber contado con el respaldo popular, hoy gobierna únicamente para los intereses de la oligarquía agroindustrial, alineándose con el poder corporativo transnacional y la agenda impulsada por la administración Trump en la región.

En el fondo existen una serie de ajustes estructurales que han descargado todo el peso de la crisis de un país en quiebra sobre los más pobres: desde la eliminación regresiva del subsidio a los combustibles y una inflación desmedida, hasta la promoción de leyes de despojo de la tierra del pequeño campesinado, entre otras medidas que han alimentado el descontento popular.

Entre incertidumbres y contradicciones, la indignación es clara. Sin embargo, el reto actual es construir considerando las lecciones y errores del pasado:

El poder popular debe construirse reconociendo toda su diversidad, no solo regional sino también sectorial, evitando la concentración de poder. La agenda del horizonte político debe ser profundamente debatida; discutir el porqué, el para qué y el para quién es una tarea imprescindible. Asimismo, se debe retomar el camino —hoy frustrado— hacia un cambio civilizatorio profundo postextractivista y de respeto central a la vida y a la Madre Tierra, impidiendo que intereses políticos personales se adueñen del proceso o que se caiga en las viejas prácticas burocráticas del liderazgo.

Adicionalmente, ante la complejidad de los acontecimientos, la protesta debe tejer alianzas urbanas y redes de cuidado como herramientas principales para contener la violencia desestructurada, evitando que episodios aislados sean instrumentalizados para deslegitimar la expresión popular.

En estos momentos de cambios bruscos en el orden mundial, de consolidación del imperialismo corporativo, de promesas de saqueo y de colapso climático, la expresión de las organizaciones sociales —con todas sus contradicciones— resulta una acción esperanzadora. No obstante, es una fuerza que no se debe instrumentalizar ni idealizar, particularmente desde los aparatos de campaña internacional. Esta expresión representa un choque de visiones: una que profundiza el despojo y otra que exige cambios profundos para las mayorías y para la vida, alternativa que aún está en construcción.

Aún no se sabe cuál será el devenir de esta contienda, pero sí es evidente la necesidad de una solidaridad real y activa con las organizaciones bolivianas frente al atropello y a la criminalización de la protesta. Esta solidaridad internacional no debe limitarse a la retórica; debe traducirse en denunciar y frenar a los actores corporativos transnacionales que hoy se benefician del despojo en Bolivia y en toda América Latina. Porque la dignidad es contagiosa, y hoy toda la región puede contagiarse.

Por: Martin Vilela. Activista, organizador e investigador de Justicia Climática

Last modified: 21/05/2026

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