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Peña y Turpana timonean un viaje en los 93 años de la Revolución Dule

La historia muchas veces es absorbida como por una esponja fina, donde el líquido entra y sale en un santiamén, pero hay personas que son como esponjas gruesas, de calidad, quienes resisten a fuerza con tal que la memoria histórica no sea invisibilizada. En ese afán, una galería de arte fue el espacio para que el 15 de marzo hiciéramos un recorrido por los rasgos de la Revolución Kuna de 1925 y sus repercusiones para la historia panameña, en la voz de dos personajes que son ícono para los movimientos sociales en Panamá, el poeta Kuna Arysteides Turpana y el polítologo Olokeliginya Jorge Peña.

La muestra pictórica de la Galería de Arte Manuel E. Amador, donde se retrataba a la mujer en contextos y roles diversos, conspiraba para zambullirnos en el escenario como en una burbuja mutante de la que no parecíamos poder escapar. Y justo en medio de la sala, con voz pausada y firme, apareció Turpana, para recordarnos que con la llegada de la misión de los hermanos de la Salle se dio una dinámica donde jóvenes Kunas iniciaron el estudio de carreras técnicas, los cuales una vez “aculturados” y de vuelta en sus tierras, entraron en conflicto con quienes querían continuar con la tradiciones Kunas. De allí se insertaron en la dinámica de trabajo de los denominados “polícias coloniales”, con una característica particular, tenían “salarios de miseria”.

Haciendo uso fino de la historia con una sencillez de admirar, Turpana nos pintó un retrato histórico de Uwargandup, una de las islas mártires de la Comarca Kuna Yala, y lugar conocido en lengua castellana como Río Azucar, así fue posible conocer que el despojo colonial supuso para las mujeres Kunas librarse de su vestido y de las argollas de oro de sus narices, mal llamadas “alzamuros”, que de paso advirtió el también investigador, es un término medieval que no es bien visto en la cultura Kuna.

Fueron tiempos de insomnio, narró, de vigilancia, cuando apenas se pegaban los ojos. El sufrimiento para las mujeres incluía estar inscritas en un listado del cual no era posible evadir participar de bailes, y si no cumplían con la medida eran violadas y multadas, incluyendo una multa al compañero de éstas. El rostro bajo y los párpados caídos de Turpana se encendió cuando manifestó “cuando estalla la revolución, los hombres iban con machete, las mujeres iban con ají chombito”.

“Era el gas pimienta de la época y ellas lo socializaron”, murmuré, mientras todos y todas seguíamos en el mismo viaje. Juraría que varias observamos a la izquierda el cuadro de Ziara Lucero que con una técnica mixta impactaba, diría que le pusimos los ojos y bocas que no tiene, y que más de una persona pensó que le habían sido despojados, apenas la nariz pequeñita se le miraba a la “Guna 4”.

No salíamos del viaje de Turpana cuando Peña apareció embestido, como motor fuera de borda, su voz entonaba la emoción de quien va en la marcha de protesta. En ese son, mencionó los intereses que otrora la mano extranjera olfateaba en Kuna Yala, tales como la explotación de caucho, manganeso, y una arena llamada sica, utilizada para construir el lago Gatún, lo especial de ésta, era que al ser mezclada con el cemento no permitía la filtración del agua, en ese momento no era de uso popular, de allí la codicia.

Este hombre de mundo, cuyo nombre usual es Olokeliginya, afirmó que dicho colonialismo sigue en tiempos actuales, con otros rostros, en la búsqueda de las tierras Kunas, y entre las tácticas de presión están la educación mediocre, entre otras, sin embargo, la buena noticia es el surgimiento de movimientos que están rebelando los valores profundos de los pueblos indígenas.

Ambos camaradas de camino, de piel morena y lenguaje calmo a ratos, que quien sabe cuántos años sumarán de amistad y de vida, -aunque en apariencia las canas dan algunas pistas-, lamentaron que haya tantas cosas que no se sepan en esta historia panameña, y coincidieron en que es necesario leer a James Howe y su libro “Un pueblo que no se arrodillaba”, quien aprendió a hablar lengua Kuna para escribir esas más de 400 páginas”.

Por instantes la sala se llenaba de silencios curiosos, como quien viaja en un velero. Entre esos presentes, estaba el educador y poeta de origen Ngäbe, Esteban Ubia, quien manifestó que escuchar a Peña y Turpana ayuda a conocer desde el pueblo Kuna lo sucedido en la revolución de 1925, dado que generalmente la historia de los pueblos indígenas es contada desde otros actores u otros compiladores y no desde nosotros. “Dar nuestra versión de los hechos es el punto principal”, expresó.

El conversatorio, que se realizó a 93 años del levantamiento armado del pueblo Kuna, es una de las actividades preparatorias a esos 100 años. Manigueuigdinapi Jorge Stanley, quien hace parte de ese esfuerzo por rememorar ese hecho histórico, adelantó que el pueblo Kuna se organiza y busca personas aliadas para honrar la memoria de sus guerreras y guerreros. Es así que en la ciudad de Panamá por iniciativa de Peña y Turpana se organizan eventos, charlas, conferencias sobre las causas y efectos de un hecho que marcó la actual autonomía política del pueblo Kuna y un ejemplo para los pueblos indígenas del mundo.

Texto de Sharon Pringle Félix
Foto de Roy Arcia

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