Internacional

Colapso sistémico: “Despertemos humanidad, ya no hay tiempo”

“Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal. ¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad¡ Ya no hay tiempo”, decía Berta Cáceres al momento de recibir el Premio Ambiental Goldman, once meses y tanto antes de que fuera asesinada por sicarios del poder político y económico en Honduras, por defender la tierra, por defender las aguas, por defender a su pueblo y su cosmovisión. 

En el planeta, la pandemia del covid 19 ha develado todas las miserias incrustadas en la humanidad, encabezado por el bestial capitalismo y poderes políticos – económicos imperiales y psicopáticos que lo sostienen con su larga cadena de dominación, basados en la explotación de la vida en todas sus formas, incapaz de replantear prácticas y de asumir mínimos actos de remordimiento, menos de respeto y reciprocidad.

Al plantear esto, no significa que las otras formas dominantes de poder no sean un problema. En ningún imperio está la respuesta a la crisis mundial, en referencia a los bloques que representan o encabezan Estados Unidos – Israel, China o Rusia. Tampoco está la respuesta y la solución en ninguna ideología doctrinaria proveniente de occidente, de ningún tipo, por muy liberadora que se presente.

Ningún imperio en el mundo, ningún estado, ninguna ideología occidental, con sus matices y connotaciones diferentes por supuesto, ha puesto como base principal el respeto y la no explotación de la naturaleza, incluso aquellos que escribieron en sus constituciones los “derechos de la naturaleza” o “sustentabilidad”, a la postre continuaron explotando a destajo. 

En diversas escalas, por acción u omisión o dominación, la humanidad entera se ha visto involucrada en las consecuencias del consumo de los elementos de la naturaleza, de las fuerzas naturales del planeta tierra, ya sea como acaparador, como consumista o como inmolado. Si la opresión es estructural, si las desigualdades y dominaciones son estructurales, entonces, en la matriz de estas injusticias debería considerarse al planeta tierra y las consecuencias negativas a los “Recursos naturales”, llamados así por el explotador.

Sin embargo, hasta las corporaciones transnacionales más despreciables por su extractivismo insaciable, con amplios territorios contaminados y graves consecuencias sociales, se hacen ver como “sustentables”. Todos los gobernantes, todas las empresas industriales del mundo, todas las corrientes políticas e ideológicas, dicen hacer esfuerzos por el medio ambiente, hasta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo: “Desde el principio, he dado instrucciones claras a mi equipo (…). Queremos el aire más limpio, queremos agua cristalina. Y eso es lo que estamos haciendo”, señaló a la prensa en julio del 2019, mientras se retiraba del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, mientras lideraba acciones por revitalizar el extractivismo del petroleo, el carbón y nuevas acciones bélicas para tal propósito. 

¿Qué está pasando?

La pandemia del Coved 19 llegó en los momentos más críticos del planeta con respecto al calentamiento global, intensificado por el extractivismo del petroleo, la minería, por industrias forestales y de celulosa (papeleras), textilería y de la carne, con un nivel de consumismo desenfrenado e incapaz de autoregularse por el mercado, menos por las redes de poder político y económico que lo sostienen, con un insaciable acaparamiento, incluyendo al dominante capitalismo neoliberal como también al capitalismo socialista. 

Podríamos sacar muchísimos datos duros para argumentar aún más lo precedido: Miles de personas asesinadas por defender los territorios del extractivismo en diferentes países del mundo; miles de millones de personas contaminadas a causa de actividades industriales y ciudades saturadas (Dicen que el aire contaminado acaba cada año con la vida de siete millones de personas en todo el mundo y afecta al 80% de quienes viven en zonas urbanas); cientos de millones con escasez hídrica, sin acceso al agua y dicen que como dos mil millones sin acceso al agua potable; Como 100 millones de hectáreas arrasadas de bosque nativo en América Latina en 25 años; millones de especies animales que han desaparecido de la fas de la tierra por el actuar “humano” (El año 2005 la secretaría ejecutiva de la Convención para la Diversidad Biológica de la ONU alertaba que se extinguían 150 especies animales al día); y podríamos seguir enunciando indicadores catastróficos. 

Independiente del origen del virus, si es “natural” o de una guerra biológica originada en un laboratorio, hoy desde diversos bloques de poder se pretende instrumentalizar para fines de control, dominación y sometimiento, en especial para el control de resistencias a gobiernos neoliberales, sin embargo, es evidente el colapso global del modelo económico dominante y la cadena de consecuencias sociales que significa, como son desempleos, crisis en los sistemas de salud pública, múltiples miserias y hambre en sectores vulnerables.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, estima para Latinoamérica en 2020 debido a la pandemia del nuevo coronavirus, 11,5 millones de nuevos desempleados y casi 30 millones más de pobres. Los países más afectados según reporte de prensa señalado este martes 21 de abril, son: Venezuela (-18 %), México (-6,5 %), Argentina (-6,5 %), Ecuador (-6,5 %), Nicaragua (-5,9 %) Brasil (-5,2 %), Chile (-4 %), Perú (-4 %), Uruguay (-4%), Cuba (-3,7 %), Costa Rica (-3,6 %), Haití (-3,1 %), El Salvador (-3 %), Bolivia (-3 %) y las islas del Caribe (-2,5 %). Guatemala (-1,3 %), Paraguay (-1,4 %), Panamá (-2 %), Colombia (-2,6 %) y Honduras (-2,8 %). 

El organismo sostuvo que la salida de la crisis dependerá de la fortaleza económica de cada país pero las “asimetrías” en la región hacen que cobre aun más importancia “el papel que jueguen organismos como el FMI y el Banco Mundial”, indicó el organismo. 

Cabe señalar que el mismo organismo junto a la Organización Internacional de Trabajo (OIT) resaltaron en noviembre del 2018 que evolucionar hacia una economía circular mejoraría la eficiencia de los materiales mediante la reutilización y el reciclaje, lo que permitiría crear 4,8 millones de empleos netos al 2030.

El colapso es inminente y el problema es que otros modelos que podrían considerarse como justos, amigables, respetuosos, solidarios, de bien común, se desarrollan a micro escala, en la periferia, con poca conectividad e integración y por su parte, los grupos políticos de izquierdas o “progresistas” o anti capitalistas neoliberales, en su gran mayoría se quedan en discursos elitistas, eruditos, con propuestas disgregadas, sin dimensionar realmente la gravedad que se vive, sumergidos también dentro de un capitalismo global y bajo la lógica de la competitividad del individualismo partitocratico por el poder de tipo occidental, siendo importante destacar la frase célebre del educador Paulo Freire: “Nadie se salva solo, nadie salva a nadie, todos nos salvamos en comunidad”. 

Apuntes sobre desafíos de cambios urgentes

– La pandemia nos demuestra que todo está conectado, que lo que pasa en China afecta en los diferentes continentes. Lo mismo debe dimensionarse con respecto a los efectos del calentamiento global a causa de las industrias extractivas y las acciones desesperadas que harán ciertos gobernantes para mantener estados subsidiarios a favor de intereses corporativos para extender actividades de explotación humana y de la naturaleza, siendo fundamental intervenir en los nuevos acuerdos comerciales bi y multilaterales que se pretenden imponer a espalda de los pueblos.

– Los procesos de despatriarcalización, de descolonización y del levantamiento de otras economías no deben seguir mirando a Europa, donde se han originado los problemas, deben mirar, conectarse e integrase a los procesos de liberación en el continente Africano, cuyos pueblos y los territorios han vivido el colonialismo y la explotación, al igual que América. El proceso de emancipación y transformación debe ser SUR a SUR.

– Una situación con fuerza humanitaria que debe atenderse, es el asesinato de líderes sociales, en su mayoría defensores de la naturaleza, de los territorios, frente a proyectos extractivistas de interés de poderes políticos empresariales transnacionales, en especial, la situación que se vive en Colombia. Sólo en este 2020, en medio de la pandemia y la indiferencia mundial, ya han sido asesinadas más de 70 personas, en medio de un escenario dominado por grupos paramilitares amparados por el estado colombiano y por intereses privados en narcotráfico e intereses extractivistas (petroleras, mineras y energía).

– Otro aspecto urgente, es activar todas las redes solidarias de alimentos, así como autoorganizar formas de autoabastecimiento en diversas escalas: huertos urbanos, pequeños y grandes predios agrícolas, con diversificación de cultivos, recuperación y revitalización de semillas nativas – campesinas, potenciando economías locales y su autosuficiencia, facilitando intercambios y apoyando rápidamente a quienes caigan en la hambruna.

– En esa línea, es fundamental avanzar en el fomento del ejercicio y exigibilidad de derechos con el reconocimiento de nuevas prácticas económicas: circular, justas, solidarias, como resultado de la rearticulación de los territorios en torno a diálogos sobre sus economías y una mayor valoración en las diversas esferas de las producciones locales y revitalización territorial, incluyendo la masificación de ejercicios y políticas de reciclaje-reparación-reutilización, como también, de nuevas formas de educación y enseñanza, vinculados a los intereses y necesidades colectivas.

– Chile, como consecuencia del laboratorio impuesto en periodo de dictadura, es parte de la matriz neoliberal del mundo, donde prevalecen violentas oligarquías, cuyas fortunas se han basado en el acaparamiento de la naturaleza, el extractivismo y el consumismo en la sociedad, bajo la permisividad otorgada por el marco constitucional, el régimen político y las instituciones bélicas, siendo indispensable cambiar todo ello a través del proceso democrático constituyente que vivirá el País a partir de octubre del presente año, ateniendo que no estará exenta de formas de sabotaje por los mismos grupos y sus redes, verdaderos poderes fácticos que pretenden mantener sus privilegios a toda costa.

– Una nueva Constitución en Chile debe reflejar la pluridiversidad, garantizar y proteger los derechos colectivos, recoger las demandas sociales de manera simple, directa e inclusiva, que posibilite un nuevo estado de justicia, con principios y valores humanos a favor de la equidad, igualdad, libertad, paz social y reparación, convirtiéndose en un instrumento que contribuya a los procesos de transformación en la región.

– Independiente de los cambios constitucionales, sectorialmente deben incorporarse en los ordenamientos jurídicos y políticos, la Declaración ONU sobre derechos de los campesinos/as y la declaración ONU y OEA sobre derechos de los Pueblos Indígenas, lo que contribuiría a poner límites a las formas neo coloniales y hegemónicas en aspectos de cultura, tierras, soberanía alimentaria, autonomías, descentralizaciones, autogobiernos territoriales, bienes comunes, participación y la resignificación de los saberes ancestrales, tradicionales e interculturales. 

Todo ha cambiado en el mundo y en la humanidad, por ello son tiempos para hacer, para reinventarse con creatividad, para cambiar radicalmente los hábitos de consumo (plásticos, papelería, carnes industriales, tecnología, moda-ropa, energía, lujos, joyas, autos), para construir desde la reconversión y la no explotación, desde la horizontalidad de relaciones y poder ver más allá de la especie humana, darnos cuenta que estamos pisando un planeta que no puede seguir depredado, que todo lo que se hace con el extractivismo y la contaminación, se devuelve en contra de la vida y que enferma a la humanidad toda, siendo fundamental seguir despertando y unirnos más para poner fin al accionar de aquellos grupos dominantes bélicos y enfermizos de la cultura parasitaria que siguen buscando un crecimiento lineal bajo la extracción y depredación de la naturaleza, que es la base de sus economías y sus estructuras de poder. Levantemos con fuerza nuestras economías libres de extractivismo, es urgente y es la única oportunidad esperanzadora. 

Por: Alfredo Seguel

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