Panamá

Querida Radio

“Se puede ver cómo va el mundo sin tener ojos:
mira con los oídos” Shakespeare, en Rey Lear

(Cebaldo) Cuando viajo, además de los documentos obligatorios, me acompaña siempre mi pequeña radio de bandas. Se que hoy desde los celulares como desde los “portátiles”, se puede escuchar emisoras de tantas partes del mundo. Pero un radio, un “transistor” ..¡es otra cosa!  El ritual de colocar las baterías, buscar las emisoras, los ruidos, escuchar una lengua desconocida y lejana y de pronto, ..¡algo familiar!

(Jorge) Pequeñas cosas, sencillos rituales que tienen tanto significado hermano. Bien te puedo imaginar preparando maletas o mochila y haciéndole un espacio preferencial, a la mano y seguro, a tu pequeña radio.

(Cebaldo) Y me encantan las historias que hablan de la radio. Como el  de una radio comunitaria en Gabú, una pequeña ciudad del interior de Guinea Bissau, que vive solo de recados de amor. Todos los días a una hora cierta se leen los mensajes. Sus ondas: el amor y sus variantes. O el de una radio en Barcelona, “..la radio que se hace desde la otra orilla del entendimiento, desde la infinita lucidez de aquellas personas que llamamos locos…” Seres que se consideran así mismos fronterizos preparan su propio programa, las entrevistas, los debates; la radio les da la oportunidad de ser escuchados, y escucharse, de hacerse valer.

La palabra que nos liga a lo inmaterial, que comunica, materializa, actúa sobre lo corpóreo y lo incorpóreo, rompe el encierro físico y mental. La palabra puede curar y la voz ser un abrazo.

Ilustración de Ani M. Ventocilla King

Ilustración de Ani M. Ventocilla King

(Jorge) Hablaba con un amigo argentino, Daniel Weinberg, y le contaba que la Luna que venía para octubre versaría sobre la radio. No demoró en decretar a favor de ella: “¡La radio no te atrapa!”; para luego detallar: “Si prendés la TV tenés que quedarte ahí, sentado, atrapado…”  

Y sí, tiene de eso la radio: te da un margen de libertad, de movimiento e interpretación propios, que no te dan medios como la TV. Igual pasa con los libros y la lectura.

Y me dijo el Daniel que no podíamos dejar de mencionar a Radio Sutatenza,  pionera estación colombiana que emitió programas educativos y culturales, de 1947 a 1989. De ella dice Wikipedia: “Fue la primera estación de radio de la comunidad de Boyacá dirigida a los campesinos y ayudó a incrementar el nivel de alfabetismo. Se convirtió en un referente para otras emisoras de América Latina. Su creador, el sacerdote José Joaquín Salcedo Guarín convenció al gobierno de dar a cada campesino una radio de transistores (recién inventada). Hacia la década de los 50, la estación comenzó a recibir cartas e incluso poesía escrita por los campesinos. Durante más de 40 años, Radio Sutatenza tuvo una programación dedicada a la educación, la cultura, la salud y la agricultura.” Me pregunto cuántos ejemplos así, de radios y programas, algunos modestos, no habrán por ahí..

(Cebaldo) El cariño por la radio me lleva a mis primeros días de radio en la aldea. O mejor, cuando empecé a distinguir un tango de un vallenato y de un bolero. De Colombia no solo llegaban las canoas con sus mercancías también entraban con fuerza las emisiones radiales. Sabíamos tanto de Cochise Rodríguez, ciclista colombiano, como de los equipos de baseball de Barranquilla. Mucho antes de que el vallenato entrara en las emisoras y en las discotecas de Panamá, Alicia adorada y La Cañaguatera ya formaban parte de nuestra “discoteca local”.

(Jorge) Y fíjate bien Cebaldo que aun hoy en día, cuando cada vez son menos los pueblos que no tienen sus techos tachoneados con antenas parabólicas, todavía, en comparación, es más la gente que escucha radio.

(Cebaldo) “Serenidad y paciencia mi pequeño Solín, mucha paciencia” fue durante muchos años, una frase común de radioyentes no solo de México, Argentina o Colombia, también de nuestras aldeas kunas. Las 5 PM era una hora sagrada para muchos, atentos al próximo episodio de Kalimán, el hombre increíble. Eran momentos fascinantes, donde quedábamos “atrapados” en las aventuras de nuestro nuevo héroe. Fue para muchos el primer héroe no kuna. La magia de los recuerdos de las voces y los días de la radio quedó para siempre en nuestras memorias.

Me he preguntado muchas veces qué nos fascinaba de la radio si mucho de lo que decía Kaliman y Solín, al igual que otros programas y los noticieros, no era totalmente comprensible ya que la mayoría apenas empezábamos a entender el español. ¿Era la voz, las voces, el ambiente de ruidos y músicas y sus misterios? ¿La revelación de un mundo ancho y ajeno? ¿La propia magia del aparatito en sí? O el hecho de que siendo la oralidad una de las bases de nuestra cultura y por ello el oído puente entre el mundo real e imaginario, la radio entonces era – es y será -, siempre una fiel cómplice.

(Jorge) Hoy se presenta todo un tema con las “radios comunitarias” que por el mundo, afortunadamente, van creciendo, aun a contracorriente. Hablé con Anelio Merry, quien dirige la Secretaría de Información y Comunicación, del Congreso General Kuna. Desde el 2015 transmiten las deliberaciones de los congresos generales que reúnen a representantes de todas las comunidades de Kuna Yala (hasta por 5 días seguidos). Y a 26 Km a la redonda los pobladores escuchan en el idioma propio lo que ahí discute y acuerda. ¿No es este un ejemplar ejercicio-esfuerzo democrático?

Pero me dice Anelio que no han podido oficializar su radio porque en la Ley 24 de 1999, que regula las transmisiones del país, “no existe la figura de radio comunitaria.” Solo queda la posibilidad de estar bajo la categoría “B”, de ONGs, en la cual cada miembro de la junta directiva debe tener en su cuenta bancaria personal 10,000 dólares (!). En ese y otros frentes se da hoy la pelea para que el gobierno permita y facilite en Panamá, la valiosa labor de las radios comunitarias.

Aquí un video de “La Voz del Pueblo Kuna” en su alocución por el Día Mundial de la Radio, 2019.

"La Voz de Guna Yala" transmitiendo desde la Comarca

“La Voz de Guna Yala” transmitiendo desde la Comarca

(Cebaldo) Viviendo en Portugal, lejos de la Casa Grande, las nuevas tecnologías, el Internet, me permiten ir navegando por las ondas de la radiofonía. Cada sábado es un día sagrado porque sé que escucharé voces en la lengua amada – el dule gaya – y llegarán saludos desde la otra orilla del mundo.

¡Amada Radio, que ilumina tantas noches a solitarios y vagamundos!
¡Amada Radio, que abriga a seres prohibidos y palabras sin fronteras!
¡Amada Radio, que un día o una noche, me traerá un mensaje de amor o una canción inolvidable!

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Cebaldo Inawinapi y Jorge Ventocilla (luna de octubre)

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