Internacional

¿ Está en jaque la globalización?

Contradicciones políticas y geopolíticas de un sistema en crisis

Thomas I. Palley, economista norteamericano neo-keynesiano y profesor de economia de la Universidad de Oxford y Yale.

” El documento del profesor Palley ofreces luces para entender las claves de los conflictos internacionales del momento. El texto fue presentado en un reciente simposium organizado por la Fundación Friedrich Ebert (un think tank del Partido Socialdemócrata Alemán que esta ubicado en el campo del neoliberalismo) “.

La profundización de la globalización económica parece haberse detenido y el proceso se puede ralentizar aún más. Esta inesperada parálisis ha sorprendido a los economistas, cuya credo en la globalización tiene un fuerte paralelismo con la fallida hipótesis del final de la historia de Francis Fukuyama (1989).

Este documento es un sencillo ejercicio analítico que aspira explicar porqué la globalización económica ha estimulado importantes contradicciones políticas y geopolíticas.

La globalización solo puede funcionar adecuadamente sí la política y la geopolítica de los grandes bloques respaldan el proceso sin fisuras. Ese acuerdo básico ha dejado de existir.

En el último tiempo en el núcleo económico de la globalización – EE. UU., China y la Unión Europea- se acumulan múltiples tensiones, líneas de fractura y contradicciones difíciles de superar.

Dentro de los Estados Unidos, la globalización ha generado efectos económicos que han alejado a los electorales de los dos principales partidos políticos. También sus derivaciones geopolíticas se están mostrado incompatibles con el programa globalista de las fuerzas neoconservadores estadounidenses. De hecho el presidente Trump es un producto de esos efectos no deseados.

Esto ocurre porque las contradicciones geopolíticas ya no pueden ser barridas bajo la alfombra. Irónicamente, el mayor impacto de este cambio puede afectar a la Unión Europea, especialmente a Alemania, que se verá obligada a reconocer las vulnerabilidades de su dependencia de las exportaciones y de la tecnología estadounidenses.

Crisis económica y aumento de la política (1)

Han pasado diez años desde la crisis financiera. Desde entonces, la economía mundial se ha recuperado, pero la atención se ha desplazando a los posibles conflictos que provocaría una próxima crisis económica. Este cambio es consecuencia de eventos políticos como el referéndum británico (Brexit) la elección del presidente Trump y el surgimiento de partidos populistas – contra del euro- en Italia.

Estos acontecimientos tienen el potencial de causar perturbaciones financieras que provoquen una dislocación económica más profunda, agravando el actual contexto político internacional. En efecto, nos hemos desplazado a un mundo en el cual la política se ha convertido en un importante detonador económico.

Este ascenso de la política no es accidental. El cambio, refleja el fracaso del paradigma neoliberal que ha dominado la economía durante los últimos cuarenta años.

Dado que la característica más destacada del proyecto neoliberal es la globalización, sus efectos negativos están provocando una gran desafección popular. Esta reacción sugiere que es muy poco probable que la globalización se profundice.

La globalización y la falacia del “final de la historia”

La oposición popular a la globalización ha tomado a los economistas por sorpresa. En muchos sentidos existe un paralelismo entre la fe religiosa de los economistas partidarios de la globalización y la hipótesis del fin de la historia de Francis Fukuyama (1989).

Hay que recordar que después de la desaparición de la Unión Soviética, Fukuyama profetizó que la democracia liberal y el mercado libre se habían convertido en la “forma final del gobierno humano, al que todos los países convergerán de todas maneras”(Fukuyama, 1989, 3).

La hipótesis de Fukuyama reflejaba el exitismo que acompañó la caída de la Unión Soviética. En diez años ese triunfalismo comenzó a deshilacharse, y en veinte años está hecho jirones. En la base de la famosa sentencia de Fukuyama hay un profundo desconocimiento de la psicología humana y de fenómenos como identidad, religión, racismo, tribalismo o nacionalismo. Esta probado que estas fuerzas subterráneas – pero reales – originan con facilidad proyectos como una democracia mayoritaria (sin derechos para las minorías) o un autoritarismo sin complejos.

Para cualquiera observador independiente la falacia del fin de la historia era previsible ; prueba de ello es el creciente fundamentalismo islámico en el Medio Oriente y un pujante fundamentalismo cristiano en los Estados Unidos.

Más tarde, el descontento con el experimento neoliberal ha alentado a las fuerzas no liberales, como lo demuestra la inclinación hacia una democracia nacionalista de carácter no liberal en Rusia, China, Europa Central y Oriental.

El pensamiento de los economistas liberales se basa en un “ideal” de equilibrio competitivo general. Esta teoría justifica su paradigma económico y extiende este arquetipo a la esfera del comercio internacional mediante la aplicación del principio de “ventaja comparativa”; creencia que supone un patrón de especialización en el comercio.

Con este marco teórico , la globalización se presentó como inevitable e imparable. Contaba a su favor con la fuerza de la tecnología y con unos supuestos beneficios recíprocos que se podrían obtener con el comercio internacional. Para los globalizadores el curso óptimo de la economía era seguir las reglas establecidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Cualquier perspectiva analítica que cuestionara sus prescripciones fue descalificada como proteccionista, ludita o nacionalista y descartada a priori como si estuvieran en el lado equivocado de la historia.

Sin embargo, al igual que la utopía de Fukuyama la versión económica de la teoría del fin de la historia ha sido contradicha por la realidad . Esto sucede porque la globalización neoliberal ha chocado con la historia “realmente existente”; con sus contradicciones económicas, políticas y geopolíticas.

Surfeando las contradicciones económicas, políticas y geopolíticas de la globalización

La naturaleza de esas contradicciones se pueden entender con la ayuda del modelo analítico que muestra este gráfico.

En el centro del gráfico está el proceso y los acuerdos que constituyen la base de la globalización económica. El proceso globalizador vincula los bloques y reordena los conciertos mercantiles generando cambios en los resultados y en las posibilidades económicas de los protagonistas.

Dentro de cada bloque, los resultados y posibilidades económicas provocan modificaciones que a su vez tienen derivaciones políticas y geopolíticas. (2)

Los economistas partidarios de la globalización han fallado en dos aspectos cardinales. Primero, interpretan equivocadamente los fundamentos de la economía y segundo, no comprenden las retroalimentaciones políticas y geopolíticas, que han hecho variar el poder entre los bloques económicos. Estos errores conceptuales explican porque los economistas convencionales no han sido capaces de anticipar los procesos que ha puesto en jaque a la globalización .

La economía de la globalización

En lo que respecta a la economía, la sabiduría convencional interpreta la globalización a través del lente de la teoría del comercio, que sostiene básicamente, que hay ganancias para todos los países que participan de ella. (3)

La narrativa tradicional dice que han ocurrido dos globalizaciones en la era moderna. La primera comenzó alrededor de 1870 y finalizó en 1914. La segunda comenzó en 1945 y aún está en marcha. Hermanada con la historia del comercio esta narrativa afirma que la globalización solo sufrió una interrupción temporal entre ambas guerras mundiales.

En un artículo reciente (Palley, 2018), he discutido esta visión sosteniendo que ha habido tres globalizaciones, no dos. La primera globalización victoriana se desarrolló entre 1870 y 1914. La segunda globalización fue keynesiana, desarrollada entre 1945 y 1990. Ambas fueron estimuladas por el comercio que proporcionó beneficios agregados a los países dominantes.

Desde 1990 vivimos una tercera globalización neoliberal promovida por el gran capital que eligió el camino de la deslocalización para aumentar sus beneficios, provocando, de paso, una gran reorganización industrial.

La globalización neoliberal puede describirse como “economía de barcazas”; una teoría económica de Jack Welchm (ex CEO de General Electric) quien propuso que para aumentar los beneficios “cada gran planta industrial debería estar preparada para subirse a una barcaza”.

Welchm propuso que las instalaciones industriales se “trasladaran” entre distintos países aprovechando costos bajos, subsidios, tasas de cambio subvaluadas, impuestos reducidos, ausencia de regulación o abundante mano de obra explotable barata. Según Jack Welchm este diseño productivo debe producir un inevitable aumento del comercio mundial .

El problema es que esta teoría del comercio no explica lo que sucede en la realidad concreta. La “economía de la barcaza” produce indefectiblemente ganadores y perdedores.

En las economías desarrolladas, el ganador ha sido el capital que ha incrementado su participación a expensas de la mano de obra barata .

En los países en desarrollo los ganadores han sido aquellas naciones que apostaron por tecnología, inversión nacional productiva y estimulo a las exportaciones. Este es el caso en China.

En los países en desarrollo también hay perdedores. Son aquellas naciones que se han subordinado a la “doctrina de la barcaza”, porque este modelo ha producido un desarrollo superficial ubicado en el área geográfica donde se procesan las exportaciones. Este es el caso México.

La “economía de la barcaza” ocasiona un peligroso conflicto distributivo. Como las inversiones y los gastos para la distribución son costosos puede que no hayan ganancias netas para todos los participantes.

De hecho la “economía de la barcaza” aumenta las ganancias del capital, pero hace perder beneficios al factor trabajo, por tanto se hace impracticable la proyectada redistribución de ingresos formulada por Stolper-Samuelson en 1941.

Además de interpretar equivocadamente las bases de la economía, los economistas convencionales han excluido de sus análisis las consecuencias políticas, geopolíticas de la globalización. Estas bifurcaciones varían según el bloque, y plantean conflictos y contradicciones que hoy amenazan con frenar el proceso globalizador.

Los controles políticos internos siguen operando dentro de bloques, mientras que los controles geopolíticos siguen operando entre los grandes bloques económicos. Son estos controles los que ahora cuestionan la globalización.

EE.UU. : economía, política y geopolítica

En los Estados Unidos la globalización neoliberal ha causado un daño económico significativo provocando pérdidas masivas de trabajo y de salarios en la industria de la manufactura (Bronfenbrenner, 2000; Bronfenbrenner y Luce, 2004; y Scott, 2017)

La perdida de empleos en la fabricación (que históricamente fueron trabajos bien remunerados y con importantes efectos multiplicadores) se han concentrado por comunidad y región, aumentado su impacto económico perjudicial(4).

Por otra parte, al facilitar la sustitución de la producción nacional por mercancía importada el gran déficit comercial de los Estados Unidos ha reforzado la perdida de empleos (5)y también el desvío de inversiones al extranjero han impedido el crecimiento y la recuperación de la economía.

En síntesis la combinación entre la falta de nuevos puestos de trabajo y la perdida de trabajos pre-existentes tiene resultados negativos estáticos y dinámicos.

Los estáticos tienen efectos negativos inmediatos. Los dinámicos provocan efectos negativos en el crecimiento a mediano y largo plazo.

En definitiva, el actual declive productivo de los Estados Unidos (que todavía es incapaz de recuperar las tasas de crecimiento de los años noventa) se explica porque la manufactura fue por décadas el motor del crecimiento nacional.

Por último, la pérdida de empleos en el sector manufacturero también ha estimulado el cambio del panorama sociopolítico. Primero, como la manufactura se concentró por comunidad y región las consecuencias sociales perjudiciales se han amplificado considerablemente.

Segundo, la pérdida de empleos ha arruinado la afiliación sindical. Un mercado laboral sin regulaciones ha disminuido el conjunto del salario de los trabajadores y especialmente el personal no sindicalizados. Con la disminución del tamaño y del poder de los sindicatos se ha degradado la influencia política sindical, de modo que los trabajadores hoy tienen menos peso político, mientras que las grandes empresas han fortalecido su poder sustancialmente. (6)

En lo que respecta a la política estos efectos económicos adversos han desencadenado una resistencia popular contra la globalización. Esta reacción ha dividido al Partido Demócrata. Su élite – que es parte del “establishment” – se comprometió ostensiblemente con la globalización neoliberal y ahora está ubicada en el bando de los ganadores del modelo.

El fracaso político de la elite demócrata – que no percibió el malestar ciudadano – dejó el campo abierto al Partido Republicano, que finalmente ganó las elecciones liderado por Donald Trump.

Trump, aprovecho la oportunidad y añadió al malestar ciudadanos un combinado de argumentos racistas, anti-inmigrantes y xenófobos. Esto ha creado un brebaje populista de carácter tóxico que mezcla un política globalizadora a favor de las grandes corporaciones con una retórica anti-tratados, un nacionalismo agresivo y un pendenciero racismo contra la inmigración.

También ha logrado confundir el debate. La globalización neoliberal fue creada por las grandes corporaciones estadounidenses y se llevó a la practica exactamente como fue planificada por sus grupos de expertos universitarios(Palley, 2015). Ahora, Trump ha redefinido la globalización como “algo que los extranjeros le han hecho a los EE. UU”. (7)

Esta redefinición salvó al Partido Republicano de un estancamiento electoral crónico . Sin embargo, ha ocasionado que ambos “partidos políticos de estado” estén ahora fracturados internamente, con la globalización con punto central de ese fraccionamiento.

Las bases de ambos partidos se oponen al paradigma de la globalización neoliberal, mientras que las élites de ambos partidos la apoyan. La pregunta es : ¿ podrán las elites mantener el control político sofocando el deseo de cambio o elegirán subterfugios para engañar a una población descontenta ?.

En lo que respecta a la geopolítica, la globalización también ha incitado quiebres importantes. Aunque en los grandes temas geopolíticos, el país este unificado, la elite está dividida tácticamente.

Durante los últimos cuarenta años, los neoconservadores han logrado imponerse en el escenario político argumentando que, “se debe impedir a toda costa la existencia de una potencia extranjera capaz de rivalizar con los Estados Unidos “, como sucedió con la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Esta política se conoció como la “doctrina Cheney-Rumsfeld”. (8)

Originalmente, esta visión solo tenía partidarios en el sector ultraconservador del Partido Republicano, pero mientras prosperaba la globalización se ha convertido en el pensamiento dominante de las elites dirigentes. Tanto los republicanos como demócratas creen que Estados Unidos tiene el “derecho a intervenir” unilateralmente en cualquier parte del mundo y, en el momento que lo desee.

La elite bipartidistas también cree que Estados Unidos tiene derecho a llenar la tierra con bases militares. Los demócratas tienden a ser más suaves que los republicanos en el tema del poder unilateral. Sin embargo, los demócratas son partidarios de una lógica intervencionista que atribuye a Estados Unidos “el derecho” a intervenir en nombre de la democracia. Este supuesto “derecho” se deriva del “excepcionalismo americano”, un credo según el cual Estados Unidos tiene una misión: promover la democracia en todo el mundo.

Las bases políticas de ambos partidos han apoyado esta construcción neoconservadora de la geopolítica. El ciudadano estadounidense promedio está intoxicado por el orgullo nacionalista. De hecho, no se ha opuesto a un presupuesto militar descomunal, a pesar que esto ha significado renunciar a servicios públicos fundamentales .

No ha habido una oposición activa a un estado de guerra permanente declarada por Bush hijo y practicada por Obama . En parte, la alta tolerancia a la guerra y las agresiones a países extranjeros se explica porque las fuerzas armadas han evitado los costos humanos entre los soldados estadounidenses con una estrategia de guerra aérea y de aviones no tripulados ( drones). Por otra parte, los océanos Atlántico y Pacífico han impedido que los enfrentamientos militares llegue a nuestras costas y los ciudadanos no conocen de cerca las consecuencias catastróficas de una guerra.

Sin embargo aunque la élite política y el público en general estén unidos en una perspectiva geopolítica neoconservadora, crece la tensión entre la elite por diferencias tácticas en este campo. Esta tensión se ha hecho evidente con el ascenso de China, país que ha utilizado inteligentemente la globalización para beneficiarse.

Los datos muestran que la globalización ha empequeñecido la base industrial de los Estados Unidos , mientras que ha fortalecido la base industrial de China. Pero por sobretodo, le ha dado a China un poder estratégico; estrangular la cadena de suministro global. Este proceso ha terminado por robustecer el poder militar y económico de China, disminuyendo indirectamente el poder de los Estados Unidos.(Palley, 2013).

En cuanto a las tácticas geopolíticas, la elite republicana es más nacionalista y militarista. La élite demócrata tiene una visión más cosmopolita, y prefiere que las elites de las naciones aliadas sean parte del proyecto globalizador de los Estados Unidos, aunque como socios menores. Sin embargo ambas élites defienden la superioridad militar de EE. UU., como se manifiesta en el apoyo bipartidista al presupuesto militar y las guerras en el extranjero.

El neoconservadurismo cosmopolita de los demócratas se propone sumar a las élites extranjeras como socios menores. Su objetivo es sujetar de manera permanente a los aliados y aislar a los poderes rivales (especialmente a China). Esta estrategia se materializó con el Tratado Transpacífico del Presidente Obama (TPP) patrocinado por las élites de ambos partidos políticos, pero rechazado por sus bases sociales. (9)

Por su parte, los neoconservadores nacionalistas republicanos se han propuesto renegociar la globalización. Este es el objetivo el aparatoso “estilo Trump” que solo tiene como propósito mejorar los beneficios de las corporaciones, con medidas como los aranceles, la ampliación de los derechos de propiedad intelectual y otras protecciones a las grandes empresas.

Electoralmente, el recurso táctico de los republicanos ha sido exitoso, sin embargo su retórica altisonante puede ahondar la hostilidad pública hacia la globalización y desestabilizar aún más el control de la élite sobre la política nacional.

En resumen, la élite de los Estados Unidos sigue impulsando tanto la globalización neoliberal como el proyecto neoconservador. Ninguno de estos proyectos pueden ser sacrificados. Sin embargo, para mantener la coherencia entre el programa neoconservador y el programa neoliberal los republicanos necesitan renegociar la globalización.

Esta estrategia ha recibido la desaprobación de las bases de ambos partidos(10) Para cuadrar el círculo, el establishment se propone pasar de contrabando una nueva globalización -contra la voluntad popular- mediante un estudiado maquillaje.

China: economía, política y geopolítica

El segundo componente del gráfico es China, un estado con partido único que dificulta los análisis sobre su política interna. En cambio, la globalización puede valorarse atendiendo al proyecto de desarrollo económico y geopolítico de China .

La nación China ha sido la gran ganadora de la globalización. El país abrió sus puertas al capital extranjero pero por sobre todo a las tecnologías más avanzadas. Esta política convirtió a China en la principal plataforma mundial de exportaciones para empresas multinacionales.

A diferencia de México, la apertura de China no ha sido pasiva. Al contrario ha sido extremadamente activa. Su política ha combinado las fuertes presiones por constituir empresas conjuntas internacionales, con un conjunto de medidas destinada a la creación de empresas corporativas nacionales, asistidas con capital subsidiado por el Estado .

Esta activa política industrial ha ido acompañada por una intensiva construcción de infraestructuras y el mantenimiento de duros controles del mercado de capitales. China ha mejorado el modelo de los llamados tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) que en el pasado lograron éxito implementado un desarrollo económico “profundo”.

Como gran ganador (y con su proyecto de desarrollo todavía sin terminar) a China le gustaría mantener el actual estado de la globalización.

En lo que respecta a la geopolítica, el objetivo central de China es instalarse como una superpotencia regional. Eso significa que ningún otro poder, incluido Estados Unidos., debería poder competir en su ámbito regional.

La globalización ha contribuido constructivamente al proyecto geopolítico de China. Con la afluencia de tecnología de punta y el espectacular crecimiento de su base industrial , la nación china ha mejorado significativamente su capacidad militar.

En segundo lugar, el diseño de una globalización centrada en los intereses nacionales le ha dado a China un lugar estratégico en la cadena de suministro globales, situando al país a la vanguardia de los proveedores regionales y acorralando a los Estados Unidos (Palley, 2013).

En tercer lugar, el esquema de la globalización neoliberal ha terminado por disminuir la base industrial de los EE. UU., y como China es su principal rival económico, esto ha contribuido favorablemente al proyecto geopolítico de la nación asiática.

En cuarto lugar, la globalización neoliberal se ha estructurado de tal manera que produce grandes superávits comerciales para China y enormes déficits comerciales para los Estados Unidos. Este “mecanismo” ha permitido que China acumule formidables reservas de divisas.

El resultado es que hoy China posee un escudo defensivo contra el poder financiero estadounidense y ha desarrollado un dinámico “poder blando” para cortejar a sus aliados, mejorando las expectativas de su proyecto geopolítico

En resumen, tanto el desarrollo de China como su proyecto geopolítico se han beneficiado de los últimos treinta años de globalización. Pero, como era de esperar, a los ojos de los neo-con de Estados Unidos, aplicar adecuadamente las reglas de la globalización deberían evitar el crecimiento de China.

Si las normas que pretende imponer Estados Unidos se impusieran en el futuro, China vería reducir significativamente sus actuales beneficios. Entonces, la nación China se vería obligada a enfrentar directamente las restricciones diseñadas por los Estados Unidos, que se proponen – de manera abierta – favorecer su capital corporativo y su proyecto geopolítico.

Por lo tanto, mantener las actuales reglas del comercio internacional es una necesidad política de primera importancia para China.

La Unión Europea: economía, política y geopolítica

La Unión Europea (UE) es el tercer bloque del gráfico. La situación de la UE es significativamente diferente de Estados Unidos y de China.

Primero, la recuperación macroeconómica de la UE después de la crisis de 2008 ha sido extremadamente débil. Esta debilidad se debe básicamente a un defectuoso diseño del euro (Palley, 2017), y a una desastrosa política de austeridad fiscal aceptada por la mayoría de los políticos europeos (Truger, 2013).

En segundo lugar, en los últimos veinte años, la UE ha tenido una importante expansión con la incorporación de los países de Europa Central. Esta expansión en la practica ha sido una mini-globalización neoliberal. Este proceso ha tenido efectos económicos en el núcleo de la UE equivalentes a la globalización transnacional.

La debilidad macroeconómica y la desindustrialización en el núcleo de la UE son consecuencia de esta política de lesiones auto-infligidas y las heridas auto-infligidas han aumentado los sentimientos contra la globalización, creando una situación políticamente confusa.

En tercer lugar, el impacto económico de la globalización ha variado según país y región. Las economías de Italia y del Mediterráneo han perdido porque sus industrias compiten con China y con las economías de los mercados emergentes.

Alemania que ya era un ganador comercial antes de la globalización, ahora es el gran ganador de la “globalización europea”. Su economía se ha beneficiado del éxito de los mercado emergentes, porque estos países han incrementado la demanda de bienes de capital y de automóviles alemanes. Los alemanes, también, se han beneficiado del diseño del euro, que con su devaluación ha aumentado la competitividad de las exportaciones alemanas.

En resumen, la UE es una mezcla compleja de lesiones auto-infligidas, desindustrialización inducida por la globalización y de beneficios para las exportaciones alemanas.

El punto importante es que las tensiones económicas dentro de la UE y las tensiones en la política interna de cada país se deben a la globalización neoliberal.

Tanto la expansión de la UE como la globalización son un proyecto de una élite impulsado ​​por la burocracia y el capital europeo de Bruselas. Con la expansión de su proyecto esta élite burocrática y económica ha socavado el apoyo popular a la Unión Europea amenazando, por momentos, su propia existencia.

En cuanto a la geopolítica, la situación de la UE es igualmente confusa. Dicho sin rodeos, el bloque de la UE ha carecido de un proyecto geopolítico.

El Reino Unido sigue apegado atávicamente a su pasado imperial y a una noción equivocada; disfrutar de una relación “especial” con los EE. UU. Francia ha perdido la confianza y la capacidad para mantener un proyecto independiente estilo “de Gaulle” y, Alemania es tímida a la hora de desempeñar el papel que corresponde al país más grande y la economía más fuerte de Europa.

El resultado neto es que el bloque de la UE ha desempeñado el papel socio menor de los EE. UU., y ha socorrido militarmente los proyectos geopolíticos estadounidenses en Medio Oriente y en Rusia.

La ausencia de una dirección geopolítica del bloque de la UE es una combinación de incompetencia y de viejos tropos geo-estratégicos. En resumen, la falta una geopolítica independiente en la UE ha dado resultados desastrosas.

En primer lugar, la UE está experimentando las consecuencias de las guerras de Oriente Medio con una llegada masiva de refugiados y con un aumento del riesgo de terrorismo yidahista . Además el problema de los refugiados interactúa con los problemas de inmigración interna creados por la expansión de la UE hacia el este.

En segundo lugar, al ponerse del lado de los Estados Unidos, en el conflicto fabricado contra Rusia, la UE corre el riesgo de un gran daño colateral que probablemente dañará la economía europea.

En tercer lugar, cada día queda más claro que los neoconservadores estadounidenses ven a Europa como un socio que pueden subordinar. La administración Trump que ya impuso sanciones comerciales ahora amenaza con aplicar un castigo adicional en caso que Europa no obedezca su política contra Irán. Incluso amenaza con sanciones a Alemania si este país prosigue construyendo con Rusia el gasoducto Nord Stream 2.

Estas acciones y amenazas han hecho que la UE, y especialmente Alemania, sean conscientes de los peligros de la dependencia de la tecnología estadounidense y las exportaciones a esa nación. Tal dependencia hace que la economía alemana sea vulnerable a las políticas del gobierno de turno de Estados Unidos.

Si Alemania quiere diversificar estratégicamente su economía estará obligada a establecer conexiones comerciales más intensas con Rusia, que es su socio económico natural.

En resumen, las políticas neoconservadoras, están creando la necesidad que la Unión Europea cambie su relación geopolítica con Estados Unidos, y desarrolle una agenda geopolítica independiente.

Mientras tanto, los conflictos creados por la expansión de la UE al este y por la globalización neoliberal han puesto en evidencia la incompetencia política de la UE. Ambos factores se están transformado en un freno a otra forma de globalización.

¿Está la globalización en jaque?

La gráfico muestra cómo la globalización es un sistema con muchas piezas inestables. En el centro está el proceso y los acuerdos que constituyen la globalización económica, pero como cada país o bloque se ve afectado por el proceso globalizador se producen inevitablemente todo tipo de consecuencias económicas, políticas y geopolíticas.

Los economistas convencionales que presentan la globalización como el final inevitable de la historia económica suponen que se trata de un proceso de suma positiva para todos los países; teóricamente cualquier problema negativo podría resolverse fácilmente y los problemas geopolíticos no son un problema.

La globalización sería un proceso irreversible. Para esta visión las piezas del sistema pueden sincronizarse sin grandes dificultades, tanto dentro de los bloques como dentro de las naciones.

La realidad es bastante diferente. Con la “economía de la barcaza” la globalización está dando como resultado una suma negativa.

Con un proceso de deslocalización motivado por la búsqueda de beneficios -en lugar de una mayor productividad – la globalización neoliberal ha producido desequilibrios económicos, contradicciones políticas y geopolíticas dentro de los bloques y dentro de los países . Estos desequilibrios pueden hacer descarrilar el proceso globalizador.

La globalización es un proyecto de élite para el beneficio del capital. Cuanto más gente entienda esto, más profunda será la oposición política popular en los países desarrollados.

La contradicción geopolítica más clara es entre China y los EE. UU.

China busca ser una superpotencia regional sin contrapeso en su ámbito particular. Estados Unidos busca ser una superpotencia global que nadie pueda desafiar en ningún lugar del mundo. Esta es la contradicción. Por tanto la élite estadounidense no puede mantener un formato globalizador que está robusteciendo a China.

El objetivo de la élite estadounidense es de remodelar la globalización de tal manera que el nuevo modelo proteja los beneficios de su gran capital y reduzca los actuales beneficios para China

Ante las crisis algunos reformadores progresistas han abogado por rehacer la globalización de una manera que incluya medidas laborales, ambientales y controles de los tipos de cambio y del movimiento del capital (ver Palley 2012, Capítulo 10 para una descripción de dicho plan).

Un programa de reforma de este tipo se enfrenta a la oposición del capital en los países desarrollados, porque el objetivo principal de la actual globalización neoliberal ha sido escapar de las restricciones a los mercados que se pusieron en marcha después de catastrófica Gran Depresión de 1929.

En consecuencia, en Estados Unidos tanto las élites Republicanas como las del Partido Demócrata obstaculizarán cualquiera reforma de carácter progresista. Además, China y otras economías de mercado emergentes también se podrían oponer a un programa que unas reformas no los favorecerán. Dirán que es un intento de aplicar normas inapropiadas para las economías en desarrollo.

En resumen aunque la globalización parece estar en jaque y su profundización es poco probable, una reversión total del proceso será muy difícil.

En primer lugar, existen importantes fuerzas comerciales que respaldan el sistema. Estas fuerzas pueden amenazar con castigar a los gobiernos que busquen cambiar las reglas, a través de medios tales como trasladar las instalaciones productivas o reducir la inversión.

En segundo lugar, la globalización está sujeta a llamado “síndrome Hotel California” – un lugar donde uno puede registrarse sin problemas pero no puede irse mientras no pague toda la deuda-. Este “encierro” ha sido patente en la zona del euro, porque a los países endeudados prácticamente se les impide salir del régimen monetario del euro.

Similar “lock-in” está en la base del sistema económico implantado por globalización neoliberal. De hecho muchas empresas no pueden salirse del sistema si quieren sobrevivir, porque o están muy endeudadas o dependen totalmente de cadenas de suministro de carácter internacional abasteciéndose solo a través de la importaciones.

Por último, nunca digas nunca. Aunque la opinión popular en los Estados Unidos está en contra la globalización neoliberal, la elite política puede imponer una nueva expansión porque comparte este proyecto común.

Con respecto a la economía, toda la élite es neoliberal, pero los republicanos son neoliberales incondicionales mientras que los demócratas son neoliberales “compasivos” (Palley, 2012, Capítulo 11). Con respecto a la geopolítica, todos son neoconservadores, pero los republicanos son más nacionalistas, mientras que los demócratas son más cosmopolitas.

La genialidad de la política estadounidense contemporánea ha sido su capacidad para elegir una élite que aparece ante el público falsamente enfrentada. Es la formula “Coca-Cola versus Pepsi” con mucho chisporroteo, pero las dos son bebidas gaseosas. Esta política ha funcionado para la élite en los últimos cuarenta años, y todavía es posible que les siga funcionando.

Por el momento, los demócratas de la élite “Clinton-Obama” esperan una reacción contra el presidente Trump les permita contrabandear una nueva versión de la globalización resucitando tratados tipo TPP. (11) Sin embargo, esta posibilidad es cuestionada por la oposición de su propia base política, oposición que le costó a la presidencia a Hillary Clinton en 2016.

Posdata: el significado de Donald Trump

Por último, ¿cuál es la importancia política de Donald Trump? El presidente Trump es un narcisista sin ética, pero es probable logre ser una figura políticamente significativa. Esto ocurre porque su política ha surgido de las tensiones geopolíticas y de las contradicciones de la globalización neoliberal.

Estas contradicciones que se mantuvieron silenciadas o directamente se negaron. ya no se pueden ignorar y tampoco se pueden volver a poner al genio dentro de la botella.

De hecho Trump con su verborrea acerca de la superioridad de Estados Unidos ha puesto en evidencia carácter profundamente neoconservador y hegemonista de la política estadounidense.

Los mandatarios chinos siempre han sido conscientes del carácter unilateral de esta política. Las acciones de Trump han hecho que China se proponga limitar su dependencia de las exportaciones , de los componentes importados y de tecnología con licencia norteamericana.

El cambio realmente importante corresponde a la UE, específicamente a Alemania, que se ha visto obligada a reconocer que las políticas neoconservadoras son un peligros para su país por su dependencia de las exportaciones a los Estados Unidos. (12)

Irónicamente, la provocación de Trump a China es probable que tenga un impacto mucho más grande y duradero en la UE que ha sido objeto de una llamada de atención sobre la naturaleza de la política estadounidense.

Es tentador describir a Trump como una desagradable aberración, pero eso es demasiado fácil. A pesar que las actitudes de Trump son antiestéticas y aberrantes este personaje sigue siendo popular entre muchos ciudadanos. Esto revela una característica importante de la sociedad estadounidense. La actitud de Trump y de las elites han desvelando que la política neoconservadora es compartida, casi íntegramente, por las cúpulas de los dos grandes partidos.

Los geólogos a menudo dicen que se aprende más sobre la estructura de la tierra en un terremoto porque este es un evento extraordinario. Trump es un terremoto político que está proporcionado un momento de aprendizaje sobre la política de los Estados Unidos y sus aspiraciones geopolíticas.

Es factible que este momento de aprendizaje tenga importancia histórica, y elimine definitivamente los delirios de grandeza estadounidense creados a mediados del siglo XX. Irónicamente si llegara a ocurrir algo así, Trump podría transformarse en una figura política significativa porque consiguió mostrar al mundo el verdadero carácter de la política neo-con.

Notas

↩ Este documento fue presentado en el Segundo Simposio Internacional sobre “Nuevas Demandas de Gobernanza Económica Global”, patrocinado por Friedrich Ebert Stiftung y la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái, celebrado en Shanghái, China, el 23 de junio de 2018. Agradezco a los participantes por sus útiles comentarios y preguntas. Todas las vistas expresadas y los errores dentro son míos.

↩ Cada modelo constituye una simplificación. El gráfico muestra la globalización en términos de tres bloques: EE. UU., China y la Unión Europea. Esos bloques constituyen la mayor parte de la economía mundial. Otros países de la OCDE, los mercados emergentes y los países en desarrollo se excluyen por simplicidad. Sin embargo, también pueden analizarse potencialmente utilizando el mismo marco.

↩ Los defensores de la globalización reclaman grandes ganancias del comercio. Esas ganancias son extravagantes en términos de su propia teoría, que ya se basan en el supuesto optimista del pleno empleo (Rodrik, 2007). De hecho, excluyen la posibilidad de pérdidas contempladas por otras perspectivas teóricas (Capaldo, 2014).

↩ Algunos economistas intentan y descartan las pérdidas de puestos de trabajo de la globalización por insignificantes debido a que son pequeñas en comparación con la creación y destrucción anual de empleo de la economía estadounidense. Ese razonamiento es defectuoso. Piensa en una economía con dos sectores. Los trabajos del Sector 1 son estables y tienen poca rotación. Los empleos del Sector 2 son volátiles y abren y cierran cada mes (por ejemplo, turismo de temporada y venta al por menor, o restaurantes). A lo largo del año, la rotación acumulada de puestos de trabajo en el sector 2 será enorme y eclipsará el número total de puestos de trabajo en el sector 1. Pero eliminar los empleos estables del sector 1 causará un gran daño económico y también perjudicará al importante número de trabajadores en el sector 1.

↩ El déficit comercial ha sido un importante canal de desindustrialización. Este canal es fácil de entender para el público en general, lo que ha convertido al déficit en un símbolo general para los efectos negativos de la globalización. Por supuesto, otros factores macroeconómicos también están involucrados en la determinación del déficit, y los defensores de la globalización neoliberal intentan menospreciar al público por no entenderlo. El público no es economista, y también tiene razón acerca de los efectos negativos del déficit comercial. En todo caso, son los economistas los que han malentendido el déficit (Palley, 2012, Capítulo 7).

En la década de 1980, los economistas inventaron la hipótesis de los “déficits gemelos” que atribuían el déficit comercial al déficit presupuestario. Esa hipótesis colapsó en la década de 1990 cuando el presupuesto se convirtió en superávit, pero el déficit comercial siguió creciendo. Después de eso, los economistas inventaron la hipótesis de “escasez de ahorro”, que atribuyó el déficit a la falta de ahorro de los hogares. Esa hipótesis colapsó en la década de 2000 cuando el déficit comercial continuó incluso cuando la economía sufría escasez de demanda. Existe un vínculo macroeconómico entre el déficit comercial, el déficit presupuestario y el ahorro de los hogares, que los convierte en primos (Blecker, 2013). Sin embargo, los factores estructurales (por ejemplo, la globalización) y una tasa de cambio del dólar sobrevalorada han sido los factores decisivos (Palley, 2015). En resumen, el público en general ha tenido más razón que los economistas.

↩ Algunos dicen que los sindicatos deberían simplemente organizar a los trabajadores en nuevos sectores en expansión y la globalización no es el problema. Sin embargo, los nuevos lugares de trabajo están muy dispersos, tienen menos trabajadores por lugar de trabajo y su organización es difícil y costosa. Además, el aumento del poder político de las empresas ha creado un entorno legal que facilita la intimidación de los trabajadores por parte de las empresas y hace que la organización sindical sea casi imposible. Por lo tanto, los impactos adversos de la globalización han contribuido a crear un ciclo fatal por el cual la globalización debilita los sindicatos y empeora el contexto, lo que fomenta una mayor debilidad sindical.

↩ Tal redefinición siempre fue una posibilidad, y los progresistas estadounidenses se han desviado peligrosamente al enmarcar su oposición a la globalización en términos de “trampas” chinas sobre tipos de cambio, propiedad intelectual, subsidios, barreras no arancelarias y dumping de exportaciones.

↩ La visión neoconservadora proviene de la historia de los Estados Unidos. Estados Unidos siempre ha sido un estado expansionista, y su expansión se ha emparejado con la doctrina del “excepcionalismo estadounidense” que proporciona una justificación moral. En el 19 siglo, la expansión se dirigió a colonizar la frontera occidental, que incluía la conquista de una gran parte de México. A fines del siglo XIX, EE. UU., dio el salto a tener colonias en el extranjero.

La Guerra Española-Estadounidense de 1898 fue decisiva y representó el triunfo del imperialismo dentro del sistema de gobierno de los Estados Unidos (Kinzer, 2017). Durante cincuenta años, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría oscurecieron el ADN imperialista al proporcionar a los Estados Unidos la cobertura de ser un benefactor hegemónico no imperialista. El final de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética eliminaron esa cobertura, revelando el neoconservadurismo, que es la última evolución del expansionismo estadounidense.

↩ Esta visión de los demócratas es diferente de la hipótesis de la guerra de clases global de Faux (2006). Faux enfatiza el “Partido de Davos” que permite a los capitalistas escapar de sus identidades nacionales y formar una clase global que libra la guerra de clases en todas partes. El neoconservadurismo es una filosofía nacionalista. Como tal, inevitablemente choca con el Partido de Davos. Los demócratas son mejores para ocultar eso, o simplemente esperaron que la gravitación de Wall Street sea suficiente para disminuir las contradicciones al seducir a las élites extranjeras . Su objetivo es que se unan como socios menores en el proyecto neoconservador de Estados Unidos. Esta estrategia funcionó con la élite de México, pero no con China y las élites controladas por el estado de Rusia . La decisión de lo que ocurra en Europa todavía no se conoce.

↩ Puede hacerse engañando al público haciéndole pensar que reconducir la globalización es necesaria para la seguridad nacional, de modo que el apoyo popular al proyecto neo-con logre triunfar sobre el resentimiento popular con la globalización. Alternativamente, la élite puede ignorar la voluntad popular a través de una coalición bipartidista del Congreso, que está protegida del malestar ciudadano por el arraigado sistema político monopólico de dos partidos.

↩ En el pasado, este enfoque fue puesto en práctica por la cóctel compuesto por el Partido Republicano, elementos del Partido Demócrata y un Presidente Demócrata de la élite. Sin embargo, cada vez es más difícil de lograrlo porque la oposición dentro del Partido Demócrata es cada vez mayor, mientras que el apoyo al Partido Republicano es cada vez menor. La oposición a la globalización desde las bases de ambas partidos sugiere que la globalización con diferentes envoltorios ya no se vende fácilmente.

↩ Por ejemplo, el proyecto Galileo de la UE tiene como objetivo proporcionar a la UE su propio sistema de navegación GPS independiente de los proyectos de EE. UU, y con toda probabilidad las políticas motivadas por el deseo de independencia de aumentarán significativamente a raíz del presidente Trump.

Referencias

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Bronfenbrenner, K., y S. Luce (2004), “La naturaleza cambiante de la reestructuración global corporativa: el impacto de los cambios de producción en el empleo en los EE. UU., China y en todo el mundo”, informe preparado para la economía de Estados Unidos y China. Security Review Commission, Washington, DC, octubre.

Capaldo, J. (2014), “Alucinación del comercio: riesgos de la facilitación del comercio y sugerencias para su implementación”, Documento de Trabajo No. 14-02, Instituto Global de Desarrollo y Medio Ambiente, Tufts University, Medford, MA.

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Traducción: Emilio Pizocaro

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