Panamá

Memoria Histórica de la Sociedad Panameña por Dania Betzy Batista Guevara

“La memoria ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas”.
Jacques Le Goff
(Toulon , 1 de enero de 1924 , París , 1 de abril de 2014)

Primeramente se hace necesario definir que entendemos por memoria histórica. Para este fin citamos a Pierre Nora, (París 17 de noviembre de 1931), quien [] lo designa como “el esfuerzo consciente de los grupos humanos por entroncar con su pasado, sea éste real o imaginado, valorándolo y tratándolo con especial respeto”.

Según la enciclopedia virtual Wikipedia, la historia misma puede definirse como la ciencia de la memoria y las instituciones encargadas de elaborarla, estudiarla, conservarla y perpetuarla serían las instituciones de la memoria, como por ejemplo el propio oficio del historiador, las Academias, los Departamentos y Facultades de la Universidad, los Archivos y Bibliotecas, y su soporte fundamental, que son los escritos (libros, y todo tipo de fuentes documentales), además de creaciones artísticas como películas, documentales, música, etc. El uso político de la historia ha sido una constante desde que esta existe (incurriendo en manipulaciones de los hechos). Por otro lado, es importante para la memoria histórica los actos conmemorativos, fechas simbólicas (batallas, leyes, nacimientos o muertes) cuyos aniversarios se celebran.

Es oportuno subrayar que la memoria histórica tiene un sello de clase social. Por ejemplo, los acontecimientos relacionados con el 9 de enero de 1964 tienen un contenido determinado según los historiadores de la oligarquía, muy diferente a los historiadores del pueblo panameño.

Es importante señalar que en los últimos tiempos han surgido movimientos de reconstrucción de la memoria histórica de grupos sociales que estaban marginados de ésta, totalmente invisibilizados sus aportes y luchas en la construcción social, política y económica de los estados, como las mujeres, los afrodescendientes, los indígenas, luchadores sociales, los perseguidos políticos, etc. Del que destacamos que esta reconstrucción de la memoria no se debe visualizar como un simple escudriñamiento que busca develar la verdad de los hechos, sino que busque desmitificar, deconstruir, derribar estereotipos y verdades dadas en nuestra sociedad, profundamente afincadas como incuestionables en la cultura dominante. Respecto a este último punto, quiero citar a José María Pedreño, en su artículo: ¿Qué es la memoria histórica?, quien nos dice que “el pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él”. Como bien lo señala, “ese dominio se manifiesta en lo ideológico-cultural, en lo económico y en lo político.

El desconocimiento provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente, generando un profundo déficit democrático que se sustancia día a día en una sociedad despolitizada y poco participativa. Vivimos una democracia de bajo nivel y una de las causas es que está asentada sobre el olvido. Estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guión, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente”.

Por otro lado, siguiendo esta misma línea, Pedro García Bilbao (Vigo, 1961), en su artículo titulado “Sobre el concepto de memoria histórica: una breve reflexión” señala lo siguiente: “De entrada hay dos tipos de MH, dos sujetos colectivos de MH. La de los pueblos y la de las clases dominantes. La MH de los débiles, de los oprimidos, es muy peligrosa para las clases dominantes, sobre todo. Recordar que un día fuiste libre es peligroso para el que hoy se aprovecha de tus cadenas. Solamente parecen tener MH los poderosos, las clases dominantes. Y es que para ellos determinar los hechos históricos no es necesario; la MH de los poderosos sólo precisa que se recuerde el resultado final «quien se enfrenta a nosotros sucumbe y traerá la desgracia para él y los suyos». La MH de los pueblos, por el contrario es un instrumento básico e imprescindible para identificar las causas de la opresión, del dolor, de la guerra, de la dominación. Un pueblo que guarde memoria histórica es un pueblo dueño de sus destinos.

Y eso es algo que algunos consideran necesario impedir y tienen los recursos sociales, políticos y económicos para lograrlo. Basta con aniquilar los símbolos, el lenguaje, vaciar la educación y la vida colectiva de señas de identidad colectivas entroncadas con la realidad y la propia memoria común”. Sobre esto debemos recordar como el actual Presidente Juan Carlos Varela, quien en ese entonces era el canciller, se disgustó a tal punto de llegar a discutir con el profesor Julio Yao en noviembre de 2009, cuando daba su discurso como orador de fondo, en conmemoración de las fiestas patrias. En palabras del respetado profesor Yao, expresa que según Varela, él estaba tergiversando la historia. Le molestó, entre otras cosas, en esas claras y objetivas palabras, que se reivindicara la figura de los líderes indígenas Quibián, Urracá y sus luchas contra el conquistador español sediento de oro, poder y de arrebatarles sus tierras, escenario que hoy, guardando sus contextos, no es muy distinto del que viven los indígenas de nuestro país, vuelve y se repite, sólo cambia los personajes y la época. Además de resaltar a otro titán como lo fue Victoriano Lorenzo y del indigno lugar que se les ha colocado a él y otros líderes populares través de la historia por la burguesía criolla.

Situándonos en nuestra realidad nacional podemos advertir como las clases dominantes por medio de los distintos gobiernos, han tratado de aniquilar la memoria histórica e identidad nacional, a través de leyes que priman los intereses económicos y que buscan que las pasadas, presentes y futuras generaciones no se sientan identificadas con las luchas y reivindicaciones de nuestros antecesores y verdaderos héroes y heroínas populares, manipulando y presentando a quienes ellos quieren que recordemos como los “próceres de la patria”. Creando de esta manera generaciones sin pensamiento crítico, autómatas y dóciles que no cuestionen sus actuaciones y que formen parte del escenario llamado popularmente de circo y pan.

Concretamente lo podemos ver cuando se aprobó la Ley No. 70 de 28 de diciembre de 2007, sobre los días puentes, aunque en la práctica distintos gobiernos ya venían ejecutándola antes de que se estableciera la misma. Una indigna ley que es todo un atentado y ofensa a la memoria histórica de nuestro país. Además no podemos dejar de pasar la reciente Ley No. 48 de agosto de 2012 que eliminaba la asignatura de Relaciones de Panamá con Estados Unidos a nivel medio y universitario, la cual se fundía con la asignatura de “Historia de Panamá para un mundo Global”, que con sólo leer su título ya podíamos inferir hacia donde va encaminada la enseñanza de dicha materia. Bajo el pretexto de que las bases militares norteamericanas ya no se encuentran en nuestro país por lo que era una “etapa superada” y debía eliminarse del plan de estudios dicha asignatura.

Acertadamente lo señala la escritora y abogada panameña Giovanna Benedetti, (Panamá, 1949), en su artículo denominado: “La globalización de la educación y el fin de la historia”, las clases gobernantes “apuestan por una ciudadanía desarraigada de su historia y enajenada de su identidad. Ni que en su seno se cultive ese estudiante portador de valores, ese estudiante humanista y culto, educado en la conciencia colectiva de un patrimonio nacional, ese estudiante que afianza su identidad y defiende su memoria histórica, al que se han propuesto reemplazar por el estudiante pragmático, de fronteras líquidas, aprendizaje utilitario y desarraigo cultural”.

Tal como lo indica el Dr. Norberto Emmerich: “La memoria histórica siempre está consagrada a la memoria de “los sin nombre”. No se consagra a ellos solo porque rescata del olvido sus nombres, sus trayectorias y sus datos, sino porque pone en tiempo presente “efectivamente” sus acciones. Recordar sus acciones significa querer y saber reproducirlas, saber para qué sirven, necesitar sus objetivos, participar de sus sueños”.

Esos “sin nombre” como los llama son personajes como Victoriano Lorenzo, personajes a quienes se le ha querido presentar en la historia de los dominantes como “bandidos, delincuentes, violadores, pillos”, de borrar toda huella, para desvirtuar sus justas luchas a favor de las clases populares. Y no es desde ahora, que realizan esta ignominiosa tarea porque si recordamos que “el 24 de julio de 1903, el periodista José Sacrovir Mendoza, dedicó el número 85 de El Lápiz, semanario liberal editado en la ciudad de Panamá al fusilamiento de Lorenzo. Cuando el general José Vázquez Cobo, jefe militar de la ciudad, se enteró de la publicación, ordenó que allanaran, destruyeran y sellaran la imprenta. Mendoza, director de El Lápiz, fue brutalmente golpeado”.

En efecto, luego del 3 de noviembre de 1903, tanto liberales como conservadores panameños se dieron a la oprobiosa tarea de prohibir en los medios escritos toda mención al General de División VICTORIANO LORENZO TROYA. Y si se le mencionaba, era para denigrar la figura del ilustre combatiente libertario.

En el año 1933, a propósito de una trilogía de artículos de la pluma del señor Ernesto de Jesús Castillero Reyes, (Nace el 28 de junio de 1889. Fallece en ciudad de Panamá el 23 de septiembre de 1981), dedicados a la figura del General Lorenzo, en que repetía las mismas calumnias e injurias contra el Cholo invicto en la Guerra de los Mil Días, salió a responderle, con una prosa de dialéctica histórica el Dr. Diógenes de la Rosa, (nació el 26 de enero de 1904 y falleció el 19 de julio de 1998). De la Rosa, utilizando las premisas de la Necesidad y la Causalidad, enfoca el cómo y el porqué surge la figura de Victoriano Lorenzo en medio de las contradicciones de la sociedad feudal y precapitalista panameña, y en el entorno de las pugnas de los imperialismos por lograr el control del Istmo de Panamá y todos sus pasos interoceánicos.

El Dr. De la Rosa avanza gnoseológicamente con el instrumental del Materialismo Histórico, superando en el marco conceptual al pensamiento liberal democrático tanto de Guillermo Andreve, (1879-1940), Eusebio A, Morales M, ( 5 de febrero de 1865 – 8 de febrero 1929 ) y del propio Dr. Belisario Porras Barahona, ( 28 de noviembre de 1856 – 28 de agosto de 1942 ), quienes, además de estar vinculados directamente a la figura del General Lorenzo, cerraron filas para imponer el silencio cómplice contra él, luego del 15 del mayo de 1903 cuando fue asesinado el ínclito General de La Negrita.

Además de José Sacrovir Mendoza y El Lápiz, junto a patriotas del parque del arrabal de Santa Ana, y la poetisa Amelia Denis de Icaza, mujer que en 1903, se enfrentó al stablishment, con dos paradigmáticos poemas, uno dedicado al Cerro Ancón y, otro a la figura indomable del Cholo Victoriano…..y que son parte de esa Memoria Histórica que jamás será borrada y menos extirpada.

Y este abyecto silencio propiciado, alentado y apoyado por los historiadores de la gran burguesía imperialista norteamericana, bajo cuyo paraguas imperial, dirigido por Tedy Roosevelt, se patrocinó el fusilamiento cobarde de Lorenzo.

Después del año 1933 se inició la reconstrucción de la vida de Victoriano y de sus heroicos combatientes, reconstrucción que todavía está por terminar, pese a los esfuerzos de historiadores panameños, tales como Franklin Raymores, el Dr. Felipe O. Pérez, el Dr. Humberto E. Ricord, el Dr. Herbert George Nelson Austin, el insigne Dr. Jorge Conte Porras, el Dr. Carlos Iván Zúñiga y su esposa la poetisa Sidya Candanedo de Zúñiga, el periodista Carlos Jerónimo Núñez López, entre otros y otras, que han buceado los entretelones de esta vivencia, que a propósito, todavía en el año 2014 estamos atados a ese cordón umbilical de la guerra de los más de mil días.

Esta relación histórica, con la lucha social que lleva el pueblo panameño por su liberación social y política hoy día es la base para que la burguesía oligárquica y el TPC con los Estados Unidos, pretenda borrar de las neuronas de la memoria panameña, quién fue y qué hizo por la patria, VICTORIANO LORENZO.

Por: Dania Betzy Batista Guevara

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