Panamá

El Villano Favorito

Al mejor estilo del cine infantil, la realidad política que vivimos, puede darnos analogías llenas de la mejor ironía o falsas alegrías colectivas; éstas, por lo general, llenas de imaginación y alteración de realidades. Pocas películas de este género son las que ayudan a desarrollar sentido crítico o promover valores reales en la convivencia cotidiana.

Hace un par de años atrás, un filme donde un “villano” que ha creado extrañas criaturas para usarles de manera antojadiza en sus planes de conquistar el mundo, robó la atención de millones de niños y niñas alrededor del mundo. Con esta simple analogía, se puede ejemplificar el capricho de un personaje que quiso “conquistar el poder” y la palestra política panameña. En una sencilla pero dolorosa descripción escenográfica, es posible, hoy, marcar la ruta de los “años de locura” que, sin duda, cambiaron a la sociedad panameña bajo el gobierno de Ricardo Martinelli.

Mazo en mano y frases desafiantes de aquel personaje meseánico en su primer día como presidente, fue el inicio de uno de los períodos con mayor convulsión social después de la época de la dictadura en el istmo. Haciendo un recuento previo a este evento, de manera caprichosa y antojadiza los deseos de Martinelli por gobernar el Estado encierran la creación de una Fundación, la conformación de equipos de mercadotecnia para posicionarse mediaticamente, y, como denominador común de su estrategia: la compra de voluntades, actores políticos, religiosos, activistas de algunos movimientos, entre otros, fueron parte de quienes construyeron el andamiaje para el cumplimiento de “la locura.

Con la característica de ser inconsulto y no respetar ninguna de las legislaturas o acuerdos internacionales de los que Panamá formaba parte, el ex mandatario se permitió crear formas para imponer lo que a su juicio se necesitaba, bañado de un “populismo estratégicamente creado” y con discursos mesiánicos, fue creando falsas expectativas dentro y fuera del país.

Hacer un balance rápido, nos permitiría resumir que las arcas del Estado vertiginosamente se vieron en picada, la especulación inmobiliaria, poco a poco, cortó las opciones de vivienda para la familia promedio, la canasta básica, perdió su nombre, para convertirse en canasta de subsistencia. De nadie es desconocido ahora, los infructuosos programas que descuidaron el agro, debilitaron la soberanía y seguridad alimentaria, fracturando las garantías ambientales, siendo el resultado la afectación de las personas más vulneradas de nuestra sociedad panameña.

Aunque tomo el transporto colectivo heredado de aquella gestión, me es inevitable escuchar la discusión de cuatro personas, divididos tres a uno. Un señor con una voz rasposa, argumentaba “nos saquearon, nos robó, la vaina es que la gente es necia”. Al tiempo, las señoras como en coro a tres voces, intentaban opacar el comentario de éste, diciendo “robó pero hizo”. Me preocupa, que gran cantidad de personas que eligen a los gobernantes mantengan un discurso similar o hayan asumido la frase “robó pero hizo”.

La extradición de Martinelli para ser procesado por los delitos que se le imputan entre líneas también nos deja ver la debilitada justicia, que sigue siendo racista y segregada, el circo barato que montan a la mayoría de la población, que es una bofetada a nuestra conciencia, a quienes tenemos memoria histórica, también a quienes perdieron sus ojos en Bocas del Toro, a las familias desintegradas por la muerte violenta de sus familiares que solo salieron a las calles a protestar y exigir justicia, a tanta gente.

No se trata de si robó o nos dejó cemento en cantidades, se trata de justicia, JUS -TI-CIA. El camino de nuestra nación sigue, 90 minutos pueden ser la mordaza que se use como táctica para robarnos la atención y el interés ante un caso donde la seguridad jurídica de los panameños y panameñas comunes, está en juego. Necesitamos exigir garantías a nuestros derechos, y la garantía solo comienza pidiendo y aplicando a los políticos la justicia penal y fiscal al igual que a cualquier otro ciudadano de este país.

Texto de Manu Ramires
Foto de Sharon Pringle Félix

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