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Panamá. La política de comercialización del arroz, negocio para pocos, desgracia para muchos

A mediados del 2014, llega al poder de la administración del Estado panameño el gobierno encabezado por el presidente Juan Carlos Varela, después de haber ganado las elecciones prometiendo entre muchas cosas: una canasta básica de alimentos más barata y un ahorro para los consumidores de 56 balboas mensuales. Para poder aplicar su proyecto, regresa en parte nuevamente el control de precios, pero a su vez, con dichas regulaciones se crea el punto de quiebre para el sector productivo de arroz en Panamá.

Una medida inconsulta, que tenía como pilar fundamental, “supuestamente” abaratar el costo del producto que es el más consumido en la alimentación del coterráneo en el territorio nacional, el arroz. Toda acción de gobernar, lleva un trasfondo político y con la manipulación comercial del grano de oro, se produjo un negocio multimillonario, del cual, poderosos comerciantes no se han querido destetar.

Dicha medida, que todavía es aplicada en el nuevo gobierno PRD – MOLIRENA, se basa en el control del precio del arroz de primera y el sostenimiento a B/.40 centavos la libra (B/40.00 el quintal). Supuestamente para consumidor pueda tener acceso a este pilar de la canasta básica panameña de primera necesidad de forma barata. La gran pregunta sería, quién pagaría la diferencia en esta política de disminución del precio, ya que para el productor es imposible sostener este precio, con los altos costos de los insumos, maquinarias, semillas, mano de obra, combustibles y otros.

Es aquí donde nace uno de los mejores negocios en la industria del arroz, que concluyó en muchas ocasiones en lo extravagante, que los sitios de almacenaje de este producto se mantuvieran llenos y desbordados de producto foráneo y que muchas veces en silencio y en sigilo, los llevó a botar el mismo en toneladas del producto que se había dañado, sin importarle mucho a los “administradores” del MIDA.

El gobierno establece que para hacer posible la disminución del precio del mismo en el mercado, se crearía un subsidio al consumidor, el cual, se pagaría a través de la industria de los molinos. Se fijan precios de mercado para los productores con un monto de B/24.50 por quintal húmedo (en cáscara) y sucio vendido a la Industria (molinos,). Por otra parte, el gobierno les pagaría a los molinos B/7.50 por quintal comprado a los productores. 

Esta ecuación solo duró el primer año del programa. Debido al retraso del pago de los B/7.50 por parte del gobierno a la Industria, ésta le traslada en el segundo año el trámite del cobro a los productores. En este caso, los molinos pagarían solo B/17.00 por el quintal de arroz comprado a los arroceros y el gobierno pagaría los B/7.50 de diferencia en compensación por el valor real del producto.

Una inevitable quiebra del sector se posesiona sobre esta otrora floreciente actividad agrícola. Un sector que maneja costos de producción que oscilan entre los B/1,850.00 y B/2,300.00 por hectárea, queda el productor financiando una promesa de campaña y un desatino de gobiernos. Si se toma en cuenta el rendimiento por hectárea para estos años según el MIDA, ésta oscila en los 95 quintales por hectárea, y por otra el pago de la industria a los productores, esto nos da una venta total en su primera etapa de B/1,662.50, cifra que ni siquiera llega a cubrir los costos de producción, 
Sumado esto, a que los gobiernos demoran hasta un año en pagar la diferencia de precios (B/7.50). Estos atrasos año tras año han desencadenado una moratoria enorme en líneas de crédito al productor, en préstamos con los bancos, retraso de pago a las casas comerciales y otros proveedores. Crisis que ha llevado al sector arrocero al punto de quiebra. El sector arrocero no aguanta más seguir subsidiando al populismo de los gobiernos.

Una esperanza con el nuevo gobierno, el cual promete eliminar el control de precios y resolver el percance ya que su líder es conocedor del área y el aprieto; pero a seis meses de su mandato, en un discurso dado en diciembre anuncia mantener la misma política anterior.

Nacen entonces interrogantes para el productor:¿Por qué, si conociendo que está llevando a la quiebra al sector, se logra mantener tan nefasta política?¿Qué aviesos propósitos pretenden aniquilar a los productores de arroz?¿Quién se está beneficiando de esta medida, que les importa tres pepinos quebrar a los productores agropecuarios? Respuesta: El poderoso sector de los comerciantes donantes de campaña.
Empezamos a hacer un análisis de como el eslabón de la cadena (La Industria) que es parte del poderoso sector económico, logra su cometido. Un programa que fue creado para subsidiar el arroz de primera queda subsidiando el arroz especial.

Así como se lee, y es que, cuando el molino compra el arroz a los productores, el 100 % de la producción nacional lleva el subsidio; pero no el 100 % está destinado a arroz de primera. El 60 % del arroz nacional va destinado al mercado del arroz especial el cual se vende sin control de precios, y su valor oscila alrededor de los 57 centavos (negocio redondo).

Un análisis de la última cosecha en Panamá (año 2019), la producción nacional según cifras del MIDA, se sembraron 72,000 hectáreas, las cuales, tuvieron una producción de 7,560,000.00 quintales de arroz. Basados en esta cifra, podemos calcular cuánto es el subsidio que se paga para mantener al arroz en el control de precios, multiplicándolo por B/7.50 nos da el total 56.7 millones de dólares, que el gobierno tiene que destinar para mantener el programa. 

¿Cuánto de este dinero verdaderamente va al programa y cuánto va al bolsillo del poder económico? Si tomamos en cuenta que el 40 % de la producción nacional es arroz de primera, entonces muy fácilmente podemos calcular que de los 56.7 millones de subsidio, 22.68 millones son los que van al programa y los otros 34.02 millones van destinados al poderoso grupo de amigos donantes de campaña.

Esta es la verdadera razón por el que existe el férreo interés de mantener este jugoso programa, utilizando como cortina de humo un discurso de mantener el arroz barato para el pueblo.

Por: Juan P. Montaña

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