Alternativas Socioecológicas

Revista. Biodiversidad, sustento y culturas #103

Editorial

La foto muestra un mural con una locomotora que nos empuja y puede arrasarnos. Como el llamado progreso, y la salida industrial, siempre capitalista. Estamos en un mundo al revés.

Quienes se hacen responsables por cuidar el bosque, las mariposas, las tierras de cultivo, el equilibrio y vaivén de las aguas subterráneas, las lluvias, los humedales, los torrentes, el vigor del suelo, la limpidez del aire, la justicia así sin adjetivos, las relaciones, el respeto y la propia responsabilidad entre todas y todos, son personas a las que se les hostiga, se les amenaza, se les reprime, se les detiene, se les encarcela, se les desaparece o se les asesina.

Mientras, el afianzamiento de gobiernos que promueven megaproyectos, inversiones y reconversiones tecnológicas atravesadas sobre la vida de los pueblos, crece, y proclama su racismo, su arrogancia y la preponderancia de sus intereses por encima de cualquier salvedad, cualquier preocupación, cualquier defensa de la vida como se debería tener una vida.

No por nada, la gente organizada o en movimiento, empuja en toda América Latina algo diferente, con justicia, dignidad, respeto y mutualidad, cariño y confianza, pero también la rebeldía necesaria, urgente, para no ser de nuevo objeto del atropellamiento. Dice Jaime Martínez Luna (Tío Jim), un pensador de Guelatao, en Oaxaca, México —uno de los cuántos que expresamente promueven la comunalidad como herramienta contra el odio y el olvido:

La situación de la América Latina movilizada, exige que reflexionemos el futuro que nos aguarda.

El neoliberalismo, el necio extractivismo que va de la mano de la industrialización fundada en un creciente consumismo que engorda a empresas transnacionales sin país, sin nación, sin territorio específico —capitales que abarcan, invaden, poseen todo lo que sea útil para alimentar su voracidad— nos ha encerrado a todos en un laberinto sin salida aparente.

Salir a la calle pareciera ser nuestro único recurso, exponernos a las balas de los “guardianes”, ahora de un fanatismo evangélico que sostiene dictaduras que lo único que siembran es muerte, y de paso con un narcotráfico que ni patriarcalmente se conduele del llanto de mujeres que caen diariamente.

No nos queda más remedio que buscar salidas que no huelan a nuevos Estados-Nación, menos a soñar en inversiones que dizque generan empleos, que lo único que logran es profundizar el razonamiento liberal acumulador, que nos lleva, no sólo a nuestra extinción, sino a la del planeta en su conjunto.

Hay caminos, pero andares que sean cuidados con nuestra participación directa, caminos que se diseñen desde donde estamos parados, de las necesidades de quienes habitamos esos suelos, del tequio, faena, minga, manovuelta diaria por la satisfacción de esas necesidades, y de la obvia celebración de lo concreto logrado.

El futuro será obra de nuestro propio esfuerzo y capacidad. Ya no la capacidad que tienen los capitales que no controlamos, y que aunque el capital es resultado de nuestro sacrificio es manejado y poseído por unas cuantas manos, armadas de explosivos de muerte.

Hay salidas, pero se deben diseñar con la participación de todos, de todas, en cada lugar, en cada región, en cada celebración. Sin fundarlas en el capital, en el poder, en la propiedad, menos en el mercado. Diseños emanados del respeto profundo, la labor conjunta de todos, para lograr un mundo pleno de reciprocidad.

Ya no más miedo y violencia entre los humanos y menos de y contra la madre naturaleza.

Biodiversidad, sustento y culturas, quiere ayudar a buscar esas salidas. Reivindicar lo común, lo propio, la mutualidad, la entrega, los cuidados, equitativamente ejercidos en la naturalidad de relaciones plenas.

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