Internacional

Latinoamérica, históricamente invadida

Foto de Sharon Pringle Félix

El territorio es uno de los elementos del Estado y parte vital para los ciudadanos por ser un componente físico. Es nuestro hogar, nos alimenta y brinda estatus de pertenecía. Si bien las fronteras territoriales nos separan y conglomeran volviéndonos extranjeros en el mundo; son útiles en cuanto a injerencia se refiere.

Ante la intrusión de fuerzas superiores que valiéndose de la ley del más fuerte se apropian de las riquezas, resulta imprescindible la protección del territorio, sin embargo ¿Están en condiciones los países latinoamericanos de proteger su soberanía? ¿Qué opinan los latinoamericanos de la intromisión de otras naciones? ¿Conocemos el historial de invasión que hemos sufrido históricamente?

El Estado es el encargado de velar por la protección territorial por medio de organismos de seguridad. Debe proteger para que entes externos no intenten explotar los recursos vitales que son considerados por estas maquiavélicas mentes como sinónimo de generadores de ganancias económicas. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, los gobiernos son cómplices de las grandes potencias, y abren las puertas de par en par, para que se lucren a costa del sufrimiento de la población. En otros casos, algunos gobiernos o la población han tenido el valor de decir: “no”, pero las consecuencias no han sido fáciles, y nuestros países han sido manchados con la sangre que injustamente se ha derramado por la invasión de aquellos con el poder militar, económico y político para hacerlo.

No hay necesidad de dar nombres y apellidos, pero históricamente los países de Latinoamérica han sido víctima de la intromisión internacional frente al silencio de las otras naciones que avalan el accionar de esas potencias que bajo lazos económicos y políticos les vuelven cómplices del ataque militar.

Nicaragua, Cuba, Honduras, República Dominicana, México y Panamá son algunas de la victimas que para la historia quedan como testigos de las fuerzas arrasadoras del invasor que se cree dueño del mundo, amo y señor de las naciones y que se irgue hoy como potencia política y ve en Latinoamérica un territorio de naciones serviles.

Pareciera que los latinoamericanos hemos aceptado nuestra condición de “conquistados” y no logramos superar nuestra mente de colonos. No somos una población dispuesta a proteger lo que por derecho y sufrimiento hemos heredado de los conquistados por la monarquía en el siglo XVI. Somos una masa pasiva que además de ser invadidos militar y económicamente, somos invadidos culturalmente. A diario somos bombardeados por productos culturales que nos adormecen, nos atontan, nos deslumbran y nos educan para agachar la cabeza y darle aceptación a prácticas ilegales e injustas.

Resulta indispensable que nos volvamos seres pensantes, protectores y conocedores de la realidad pasada y presente de nuestros países. No puedo llamarme salvadoreño, guatemalteco, panameño… si no conozco las violaciones que se han cometido en contra de mi territorio.

No puedo llamarme latinoamericano si no estoy en pie de lucha para proteger la tierra del café, maíz, banano y otro sin fin de productos que la tierra nos proporciona como madre que suple las necesidades de sus hijos. No somos latinoamericanos si no circula la sangre caliente que recuerda a los mártires de las invasiones a las que hemos sido sometidos históricamente.

¿Es necesario decir quién es nuestro principal invasor? si existe la necesidad de decirlo para que los sepan, entonces, es triste aceptar que no conocemos nuestra historia y que avalamos la intromisión por ignorancia. Nuestra falta de conocimiento hace que los luchadores que han caído por la protección de nuestros territorios se vuelvan en vano y que sigamos siendo un blanco fácil.

No debiese existir la injerencia por parte de ninguna nación, pero es obvio que los poderes económicos “no saben de derechos humanos” y para rematar nuestra situación, muchos latinoamericanos “no conocemos de reivindicación”.


Texto de Francisco Javier Iraheta (El Salvador)
Educador, Comunicador, Promotor Cultural

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