Panamá

En Memoria de Javier Orlando Víquez

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecth

Javier Víquez, hombre de ojos verdes, estatura media, robusto, de tez blanca, con muchas cualidades, sobre todo con alto grado de humanismo, y compromiso social, proveniente de un hogar humilde, con muchas limitaciones económicas, criado por su madre Silvia Víquez (con la ausencia del padre biológico), mujer migrante de la provincia de Chiriquí, se radica en la Ciudad de Panamá en el barrio de Río Abajo, lugar donde viviría Javier, en compañía de su hermana Regina y su hermano Ariel, en los primeros años de niñez, para luego trasladarse a La Chorrera, donde residiría hasta los últimos días de su vida. Se hace importante señalar estas características de su vida familiar y personal para entender el entorno social, que diera como resultado a uno de los dirigentes sociales destacados durante los años finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, su aporte a la lucha revolucionaria en Panamá, y el por qué aún en el movimiento social resuenan sus hazañas y contribuciones a pesar de su ausencia en portadas de periódicos y medios televisivos.

Javier fallece a la temprana edad de 44 años. A principio de la década de 1990 ingresa como estudiante a la Casa de Méndez Pereira, la Universidad de Panamá, donde empezaría su militancia política en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas en la agrupación estudiantil PRE que luego se fusionaría con la agrupación político estudiantil Pensamiento y Acción Transformadora (PAT), de corte ideológico marxista leninista.

Desde un principio Javier mostró un denodado interés y se identificó rápidamente con las líneas políticas e ideológicas del PAT (el cual desarrolló como estructura organizada a nivel nacional, ya no era una estructura localizada en la capital, era un Movimiento Nacional de Juventudes con identificación y militancia bajo la bandera de Pensamiento y Acción Transformadora) y posteriormente de la organización Movimiento Revolucionario 9 de Enero (MR-9). Algo que caracterizó a Javier fue su extremada honestidad tanto como persona y como dirigente político, su gran capacidad de liderazgo y una gran habilidad de poder relacionarse con los más variados sectores sociales y políticos. Debido a lo anterior Víquez logró construir una amplia periferia de relaciones con todos los sectores populares y de la izquierda panameña.

Era partidario de una amplia alianza de sectores populares, pero sobre bases realistas, posibles en base a los principios revolucionarios. En esto último siempre se mostró intransigente.

Fue parte de espacios de coordinación de amplios sectores del movimiento popular panameño entre ellos: FRENTE PANAMÁ SOBERANA, MONADESO, FRNADESSO, MPUNA, ULIP, PAP, MIREN, entre otros.
Javier tenía una gran capacidad de utilizar el Derecho como arma de lucha en contra del poder hegemónico, y en pro de los sectores populares, esto lo llevó a participar en diversas luchas en defensa de los derechos humanos de comunidades campesinas, indígenas, el sector obrero, docente y estudiantil en diferentes momentos.

Tuvo un papel destacado en el proceso judicial contra el terrorista confeso Luis Posada Carriles, responsable de la voladura de un avión de Cubana de Aviación en 1976 con un saldo de 73 muertos y de numerosos atentados contra la isla y el líder de la revolución Fidel Castro Ruz, que en el año 2000 durante su visita a Panamá en el marco de la Cumbre Iberoamericana, denunciara el plan de magnicidio por parte de Posada Carriles y otros terroristas con domicilio en Miami; Víquez desarrollo todos los esfuerzos políticos y legales que llevó a que la Corte Suprema de Justicia fallara a favor de la candidatura de Libre Postulación a la Presidencia de la República en el 2009, cuyo abanderado en ese momento era el economista y compañero Juan Jované.

Javier Víquez siempre nos recordó que el primer deber de un revolucionario es hacer la revolución y su propia vida fue un ejemplo de lo anterior, como ser humano entregó su vida a los demás al grado que descuidó su salud y fue una de las razones que provocaron su muerte tan temprana.

Hizo sentir su amor al pueblo, su carácter tosco, pero con la ternura de un hermano, sumado a una alta capacidad de identificarse con la lucha de los sectores más desfavorecidos de la sociedad panameña, le dio desde un principio la confianza de un líder.

Javier nunca abandonó a un compañero o compañera, ante momentos de represión, o incluso problemas personales, el valoraba el trabajo de la militancia por más pequeño que fuese, esta cualidad le dio la confianza al colectivo que todo lo que se emprendiese por más difícil que sea es posible.

Javier Víquez, hermano incansable, necio, no daba perdón al oportunismo porque su moral revolucionaria era grande.

Para el Movimiento Revolucionario Nueve de Enero Javier Víquez es el ejemplo a seguir.

Por el Movimiento Revolucionario 9 de Enero

Previous post

América Latina y el nuevo oleaje intervencionista

Next post

El neo-fascismo, ola mundial

No Comment

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *