Carta del Grito de los Excluidos y Excluidas Continental Movilización Continental por Trabajo, Justicia y Vida 2020

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El Grito de los Excluidos y Excluidas Continental se manifiesta, dada la proximidad del 12 de octubre y en el contexto de una pandemia global cuyos impactos se abaten sobre los más pobres de nuestra región, denunciando las diversas formas de violencia que son practicadas contra nuestros pueblos (económica, policial, ambiental, etc.) y llamando para el urgente debate sobre esta coyuntura y los caminos que debemos seguir para resistir al saqueo y aniquilación en curso.

El 12 de octubre es una fecha emblemática para América Latina y el Caribe, que nos recuerda tanto el dolor de la Conquista como la dignidad de las luchas por Justicia, Trabajo y Vida que los pobres de la tierra siempre protagonizaron, como lo hacen ahora, para construir nuevas formas de organización social que garanticen a todos una vida libre de exclusión, discriminación y violencia. Queremos provocar y participar de este debate, lado a lado con los pueblos, lado a lado con todos y todas que sueñan con un mundo donde caben todos los mundos.

Por lo tanto, este documento es una invitación a la reflexión y a la acción conjuntas, horizontal y transformadora, que nos permita alumbrar caminos, esperanzas y alternativas concretas en estos tiempos donde, una vez más, se nos impone el pensamiento único y la desesperanza. No aceptamos y, por lo tanto, dejamos estas palabras para contribuir con este debate urgente y necesario.

En 2020, el Grito de los Excluidos y Excluidas Continental llega a más de dos décadas de lucha y resistencia, bajo el lema “Por Trabajo, Justicia y Vida”.

Desde mediados de la década de 1990, cuando en el mundo se celebraba la globalización económica como el “fin de la historia”, vimos el surgimiento de nuevas formas de movilización que marcaron hitos para la lucha social mundial: la emergencia del zapatismo, las movilizaciones en Seattle contra la OMC, el surgimiento del Foro Social Mundial y el de las Migraciones, de la Marcha Mundial de las Mujeres, la victoria contra el ALCA, entre otros.

Es en ese contexto que el Grito de los Excluidos/as se proyecta en todo el continente americano, recuperando el 12 de octubre como una fecha de resistencia indígena, negra y popular contra la violencia, la exclusión y la dominación que han dejado secuelas tan profundas en nuestras sociedades.

Desde el comienzo, el Grito de los Excluidos/as puso en primer lugar el protagonismo de los y las excluidas, de sus formas de lucha y sus demandas por justicia social, económica y ambiental, considerando que son las personas excluidas quienes tienen el verdadero potencial de transformación que necesitan nuestras sociedades para avanzar hacia mayor justicia, inclusión y dignidad. Estimuló la osadía, la mística en la lucha y la urgencia de escuchar el clamor de las y los excluidos.

A lo largo de los años, el Grito ha levantado su voz en defensa de los derechos de personas inmigrantes; ha apoyado las luchas comunitarias en defensa de ríos, bosques y territorios; se ha sumado a las demandas por tierra, techo, trabajo y comida en muchos de nuestros países; ha luchado contra la militarización, por el derecho a la autodeterminación de los pueblos, contra el despojo del llamado “libre comercio” y contra el neocolonialismo. El Grito ha adquirido un rostro diferente en cada país donde ha surgido, sin perder su perspectiva unitaria continental.

Así, en 2020, traemos con nosotros todo este historial de lucha. Están con nosotros los muchos hombres y mujeres, niñas y niños, ancianas y ancianos que se han sumado a este caminar a lo largo de los años y cuya memoria y presencia nos honran y comprometen a seguir adelante. Estamos enfrentando un complejo horizonte de desafíos para la lucha social, para la existencia misma de nuestros pueblos y comunidades y para el futuro del planeta, y por eso venimos para decir que el Grito de los Excluidos y Excluidas sigue firme en su aspiración de que podamos vivir en un mundo más justo, inclusivo y democrático.

Hoy, vivimos en el mundo, y de forma particularmente cruel en el contexto de América Latina y el Caribe, los efectos de la pandemia de COVID-19, que al momento en que escribimos estas palabras, ya cobró la vida de más de 464.000 personas en todo el continente americano (incluyendo Estados Unidos y Canadá, donde la mayor parte de las personas fallecidas son negras, latinas y mujeres empobrecidas). De este total, más de 270.000 víctimas corresponden a los países de América Latina y el Caribe, siendo por tanto la región del mundo con mayor número de víctimas fatales. Y esto, sin contar con la altísima sub notificación de casos y decesos que se verifica en prácticamente todos los países de la región.

Esta brutal realidad de la pandemia no nos puede hacer olvidar, sin embargo, que la exclusión, la violencia en todas sus formas (racial, de género, económica, policial, etc.), el empobrecimiento, la falta de oportunidades, la destrucción de los territorios y de la naturaleza, el etnocidio, el genocidio, la criminalización de la protesta social, la expropiación de la cultura y saberes ancestrales de nuestros pueblos, etc., son el resultado de décadas de instauración de un modelo expoliador, concentrador y privatizador, un modelo que llamamos ‘neoliberal’ por convención, pero que es en realidad la continuidad del expolio colonial adaptado a los requerimientos del capitalismo globalizado.

No podemos olvidar, inclusive, que durante la fase de gobiernos progresistas que vivimos en gran parte de la región, la explotación de los bienes comunes continuó sin cambios sustanciales a los antes conocidos (agronegocio, minería, explotación petrolera, grandes obras de infraestructura), profundizando la exclusión de muchos pueblos, dañando la naturaleza y contribuyendo al calentamiento global. Esto sin negar los significativos avances en materia social.

Los impactos de la pandemia están siendo tan devastadores porque en estas cuatro décadas de hegemonía neoliberal, avanzó en todos nuestros países la destrucción de los regímenes de protección social (seguro de salud, pensiones, seguros del trabajo), la precarización consecuente del mundo del trabajo (uberización, flexibilización, informalidad), así como la expulsión de poblaciones que se convierten en migrantes e inclusive en parias, cuyos derechos no son reconocidos ni por los Estados de origen, ni por los de destino.

Las así llamadas “reformas de mercado”, entre ellas la privatización de la salud, la destrucción de los regímenes de pensiones públicos, así como de una amplia gama de servicios sociales y la destrucción de los derechos laborales para millones de personas trabajadoras, criaron las condiciones perfectas para que el COVID-19 hiciera estragos en todos nuestros países. Nuestro drama actual comenzó a fraguarse hace más de cuatro décadas.

Por lo tanto, es fundamental entender la pandemia como una oportunidad de distinguir la agudización de nuestras crisis históricas – crisis política democrática, crisis social y económica derivada de la desigualdad siempre acuciante y la crisis ambiental, hecha más dramática por su expresión de desastre climático; de la crisis impuesta desde el capital financiero y que nos lleva a una sobreexplotación del trabajo humano y de la naturaleza, con políticas de austeridad y aumento de la desprotección ambiental.

La actual pandemia viene a hacer crítico un cuadro ya de por sí alarmante. Estimaciones apuntan que 52 millones de personas en América Latina y el Caribe pueden caer en la pobreza como resultado de la pandemia y hasta 40 millones de personas pueden perder sus empleos; por otra parte, los multimillonarios de la región aumentaron su fortuna en US$ 42 mil millones desde el mes de marzo, cuando los primeros casos fueron confirmados. En este marco, es difícil imaginar que los gobiernos serán capaces de ofrecer servicios de salud, estimular la economía de forma que beneficie a la población como un todo y proveer protección social adecuada para todas y todos.

Por el contrario, aprovechándose de la pandemia, gobiernos de toda la región están poniendo el pie en el acelerador de las “reformas” para beneficiar a los grandes capitales y élites políticas, o como dijo cierto ministro brasileño, para “pasar el ganado” mientras la atención de las personas está puesta en la crisis sanitaria y humanitaria en curso.

Para pasar esas agendas antipopulares y ultraliberales, los gobiernos hoy en día recurren a un aumento desproporcionado de la violencia policial y militar, así como a tácticas menos evidentes, en especial al llamado lawfare como arma de persecución política de las élites conservadoras contra la democracia, restringiendo la participación política de líderes políticos y sociales en Brasil, Ecuador y Bolivia, junto a las distintas formas de criminalización de la protesta social y exterminio de personas defensoras de derechos humanos.

Así, avanzan una mayor destrucción de los pocos derechos laborales que aún quedan; deportaciones masivas de seres humanos con “estatus irregular” en países como los Estados Unidos, así como aumento de la xenofobia; la exclusión masiva del derecho a la educación de millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes; avanzan las privatizaciones, mientras que por otro lado se agudiza la falta de servicios públicos como provisión de agua/saneamiento, así como la falta de vivienda digna, lo que agrava los impactos de la pandemia.

No podemos olvidar, igualmente, que junto a la pandemia del COVID-19, otras pandemias igualmente mortales, pero silenciosas, se arrastran por toda la región, como la de los feminicidios y la violencia doméstica, el hambre y la pobreza, provocados por la pérdida de soberanía y seguridad alimentaria en toda la región. Estas otras pandemias afectan principalmente a las mujeres, niños y niñas, completando un panorama dramático delante del cual los gobiernos nada quieren hacer, de manera efectiva, para aliviar el dolor y necesidad de tantos.

Finalmente, cabe destacar que enfrentamos el ascenso de nuevas formas de autoritarismo y conservadorismo que dominan en gran medida la política regional, con severos impactos sobre los movimientos sociales, los defensores y defensoras de derechos humanos y sobre la agenda pública, pues estas formas de autoritarismo vienen acompañadas por una agenda ultraliberal aún más agresiva contra los derechos sociales y contra el medio ambiente, como lo vemos actualmente con la devastación acelerada de la Amazonía y otros biomas críticos. La ofensiva conservadora contra la soberanía y la autodeterminación de los pueblos que distorsiona y condiciona el ejercicio de la democracia en muchos de nuestros países.

Considerando todo lo anterior, es urgente rearticular las fuerzas y redes continentales que ya tenemos, como el Grito de los Excluidos y Excluidas, así como crear nuevas coaliciones progresistas y populares que sean capaces de disputar políticamente el espacio que el autoritarismo y el conservadorismo han ganado en la región, en especial entre personas excluidas, con un horizonte emancipatorio que se nutra de lo mejor de nuestra tradición de luchas y que, al mismo tiempo, sea sensible a las nuevas demandas, sujetos y necesidades organizativas.

Vemos que el potencial de lucha y resistencia se mantiene presente, a pesar de los reveses y obstáculos mayúsculos que un proyecto popular enfrenta en la actualidad. Las movilizaciones en Chile en los últimos años (especialmente en los meses previos a la pandemia), en Estados Unidos contra el racismo y la discriminación a personas migrantes y minorías: en Ecuador, Bolivia, Colombia, Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, Costa Rica, entre otros, apuntan que la resistencia social aún es posible y que podemos, y debemos, reconstruir nuestras capacidades críticas de pensamiento, movilización y acción para enfrentar de manera conjunta la actual coyuntura.

Es indispensable que seamos capaces, nuevamente, de proponer alternativas claras y de alcance regional y proponer que solo la movilización conjunta, que vaya de lo nacional a lo regional, podrá darnos las condiciones de restablecer una correlación de fuerzas para que un proyecto popular e inclusivo encuentre cabida.

Por eso, denunciamos la naturalización de las muertes por COVID-19 y la vuelta forzada a una “normalidad” que ignora la muerte de personas “descartables”. No aceptamos que la salida de la epidemia sea a costas de la vida de decenas miles de personas y de sus familias y de la destrucción de unas condiciones de vida que ya eran precarias. No podemos volver a la “normalidad” pre pandemia, sino que debemos construir alternativas, potenciando aquellas que ya existen y saliendo de la narrativa oficial sobre la “pobreza”, que focaliza las soluciones y fragmenta la resistencia popular.

Por eso, queremos este año destacar nuevamente el simbolismo del 12 de octubre como fecha de resistencia, construcción de alternativas y agendas comunes con una perspectiva utópica y emancipatoria, que nos permita discutir qué continente, qué región y qué países queremos: económicamente justos, políticamente democráticos, socialmente equitativos, culturalmente plurales, ecológicamente sustentables y religiosamente macro ecuménicos. Algunas propuestas concretas, en este sentido, son:

1. Llamar a que la semana del 12 de octubre de 2020 sea realizada la Jornada de Movilización Continental del Grito de los Excluidos y Excluidas, de forma congruente con la actual coyuntura de pandemia y en función de las condiciones y capacidades de las organizaciones en cada país. Acciones diversas pueden animar nuestras redes y mantener en alto la construcción de alianzas y promoción de debates urgentes. Por esto, invitamos a todas las organizaciones que quieran sumarse a esta Jornada a realizar sus acciones a nivel nacional, regional o local. Si desean entrar en contacto con esta Coordinación, por favor escribir a: [email protected]

2. Lanzar la participación del Grito de los Excluidos y Excluidas en espacios como el Foro Social Mundial (México, 2021), el Foro Social América de las Migraciones (Uruguay, 2020 – modalidad virtual) y el Foro Social Mundial de Salud y Seguridad Social (primer semestre de 2021 – modalidad virtual).

3. Explorar la configuración de una agenda convergente donde el Derecho a un Desarrollo con Justicia Social y Ambiental, volcado a la superación de las desigualdades e injusticias de toda orden y a la adopción de un sistema pleno, universal, integral e igualitario de protecciones sociales en franca oposición a las políticas de ‘austericidio’ y destrucción del ambiente, mediante democracias de alta intensidad.

4. En este sentido, el Grito de los Excluidos y Excluidas considera que es urgente que en toda la región discutamos y nos movilicemos por una verdadera justicia tributaria que tase la riqueza (capitales, grandes fortunas, dividendos, etc.) como una de las formas principales de reducir la desigualdad y evitar que todo el peso de la crisis recaiga (como lo ha sido hasta ahora) sobre los y las trabajadoras, jóvenes, comunidades indígenas y tradicionales, en suma, sobre los pueblos de nuestros países. La anulación de la deuda, otra antigua reivindicación popular, debe volver a ser discutida en este contexto crítico que vivimos.

5. Proponer una alianza estratégica del Grito Continental con el Foro Social Mundial de la Salud y de la Seguridad Social, mediante la organización de una serie de seminarios nacionales y regionales (Cono Sur, andino, amazónico, centroamericano, caribeño, brasileiro, mexicano y norteamericano) en que logremos explorar las agendas y formas de enfrentar los nuevos desafíos y oportunidades de transformación en los contextos de cada país y con las diferentes fuerzas sociales y políticas.

6. Organizar a nivel de los países, lives, seminarios o debates virtuales preparatorios para debatir el documento del Grito 2020, durante el mes de setiembre.

7. Live continental alrededor 12 de octubre, debatiendo el documento con la participación de los 12 países involucrados en este proceso.

8. Al mismo tiempo el Grito de los Excluidos se pronuncia en favor de la paz en nuestro continente y el mundo, por el cese a las hostilidades y las políticas de bloqueos, abogando por el respeto al derecho a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos. Por lo tanto, denunciamos las agresiones imperiales contra tantos países de la región al tiempo que manifestamos nuestro apoyo al proceso de lucha en Chile y a la demanda por un referéndum constituyente. Denunciamos también el aumento de la violencia en Colombia, en especial a raíz de las recientes masacres de jóvenes, lo que denota un recrudecimiento de la guerra contra el pueblo en dicho país.

Abya Yala, 22 de setiembre de 2020.

Coordinación Continental del Grito de los/as Excluidos/as

Luciane Udovic, Grito de los Excluidos/as Continental Brasil/RS Luiz Bassegio, Grito de los Excluidos/as Continental / Brasil/RS Seiti Takahama, Grito de los Excluidos/as Continental / Brasil/SP Darcy Costa, Grito de los Excluidos/as Continental / Brasil/SP Armando De Negri, Grito de los Excluidos/as Continental / Brasil/RS Eduardo Zanatta, Grito de los Excluidos/as Continental /Brasil/BA Pavel Égüez, Grito de los Excluidos/as Continental/ Ecuador Willian Trujillo, Grito de los Excluidos/as Continental/ Ecuador Marilina Marichal, Grito de los Excluidos/as Continental/ Paraguay Argentina Peña, Grito de los Excluidos/as Continental/República Dominicana Pedro Franco, Grito de los Excluidos/as Continental/República Dominicana Hilda Guerrero, Grito de los Excluidos/as Continental/ Puerto Rico María Judith Colón, Grito de los Excluidos/as Continental/ Puerto Rico Ileana Carrión, Comuna Caribe/Grito de los Excluidos/as Continental/ Puerto Rico Juan Carlos Balderas, Grito de los Excluidos/as Continental/ Bolivia Glória Ajpi Jalja, Grito de los Excluidos/as Continental/Bolivia Joel Ibara, Grito de los Excluidos/as Continental/Bolivia Larissa Duarte, Grito de los Excluidos/as Continental/Panamá Carlos Escudero Núñez, Grito de los Excluidos/as Continental/Panamá Olmedo Carrasquilla II, Grito de los Excluidos/as Continental/Panamá Dania Guevara, Grito de los Excluidos/as Continental/Panamá Erlinda Quesada, Grito dos Excluidos/as, Continental/Costa Rica Gerardo Cerdas Vega, Grito de los Excluidos/as Continental/Costa Rica Soledad Castro Vargas, Grito de los Excluidos/as Continental/Costa Rica Bartolomé Chocoj Camey, Grito de los Excluidos/as Continental/Guatemala Nahun Lalin, Grito de los Excluidos/as Continental/Honduras Paulo Illes, Grito de los Excluidos/as Continental/Portugal

Last modified: 09/10/2020

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