Estados Unidos

En el Día de la Nakba quiero el derecho a estar enfadada

La nieta de Abdul HadiQudeh (97 años) tiene las llaves que según el pertenecen a una casa de su familia que tuvieron que abandonar tras la creación de Israel en 1948, mientras posa para una foto en el campo de su abuelo antes del Día de la Nakba en KhanYounis, en el sur de la Franja de Gaza 14 de mayo de 2014. (Foto: Mohammed Talatene / APA Imágenes)

Traicionados, masacrados, exiliados, sitiados, ocupados, vilipendiados y criminalizados, los palestinos solo somos sobrevivientes. Y como sobrevivientes estamos en compañía de algunos de los mejores pueblos del mundo. Pero este año, ya que una vez más conmemoro nuestras pérdidas y honro nuestra resistencia, estoy enfadada con el hecho de que todo lo que podemos celebrar es nuestra persistencia, nuestra resistencia en curso.

Más que la tristeza, el dolor o el duelo, este año, cuando nos sobreviene otra conmemoración más del Día de la Nakba, la ira crece en mí.

Estoy enojada con el hecho de que este es un año de hitos, cada uno añadiendo a la devastación anterior, y ninguno celebrando una gran victoria. 2017 marca cien años desde la Declaración Balfour, 69 años desde la Nakba, 50 años de al-Naksa. Y sin embargo, para muchos, es sólo el último golpe, “la ocupación”, que se registra como equivocada, como si el imperialismo, el colonialismo y el genocidio fuesen perfectamente aceptables. 2017 marca 50 años de al-Naksa, que en árabe significa “del revés”, una confirmación del daño anterior. No hay palabra árabe para “la ocupación”. Estoy enojada que todavía usamos las engañosas denominaciones eurocéntricas para nuestras circunstancias y porque algunos de los grupos que recibieron este años elogios del campo “progresivo”, como el denominado “Si no es ahora”, que denuncian la ocupación más que el sionismo. (Sé que los lectores responderán aquí diciéndome que el grupo “Si no es ahora” es maravilloso. Me enoja que un grupo en los Estados Unidos que en su web anuncia que “no tomamos una postura unificada sobre el BDS, el sionismo o la cuestión de la categoría del Estado. Trabajamos juntos para acabar con el apoyo judío estadounidense a la ocupación”, se considere una parte vibrante de la solución del problema que el sionismo inflige a la población palestina.

Estoy enojada por el hecho de que la izquierda nos tergiversa y nos malinterpreta, durante tanto tiempo, que 100 años después de la Declaración de Balfour, ese acto de arrogancia colonial por excelencia, y setenta años desde las primeras masacres genocidas contra el pueblo palestino, algunos todavía piensen quedar una pulgada de Palestina a los judíos de Europa, en lugar de esforzarse para acabar con el antisemitismo allí, no era sólo aceptable, sino una buena cosa.

Estoy enojada con el hecho de que en mi respuesta a la pregunta “¿De dónde eres?”, algunas personas piensan que responder adecuadamente es decir “Palestina, ¡y eso es bueno!” ¿Sería apropiado decirle a alguien “Negro, y eso es bueno?” ¿O “Trans, que es bueno? ”Sin embargo se supone que debo estar agradecida por “Palestina… ¡y eso es bueno’. Y estoy enojada porque sí, estoy muy agradecida cuando esa es la respuesta que obtengo. Estoy agradecida por la gente que reconoce mi identidad y por el hecho de que puedo mirarme y no ver el monstruo que han aprendido a asociar con ella. Más allá y antes de “la ocupación”, esto es lo que ha hecho el sionismo, al presentarnos como los salvajes a temer, neutralizar, eliminar, si el pueblo judío siempre quiere estar seguro.

Estoy enojada por el hecho de que yo, una antisionistalaica, debo explicar a la gente supuestamente enterada, así como a ignorantes fanáticos, que el judaísmo y el sionismo son creencias distintas. Se dice que uno de los pensadores judíos más influyentes, el rabino Joseph Hillel, contó a un seguidor: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a otro. Esta es toda la Torá, el resto es comentario”. Cualquiera que se tome esta enseñanza judía de corazón lógicamente no puede ser un sionista, porque lo que los sionistas están haciendo con los palestinos sería aborrecible para ellos.

Y estoy enojada porque el privilegio de prerrogativas israelíes sobre los derechos palestinos es tan extensa, tan penetrante, que a los palestinos se les pide constantemente considerar las cosas terribles y espantosas que dan miedo si pasaran con los israelíes si por fin hubiera justicia en nuestra patria. Estoy enojada porque cuando se trata de reparar un mal los israelíes aún son privilegiados y los refugiados de cuarta generación que viven en la miseria deben renunciar a sus derechos humanos básicos con el fin de acomodar el nivel de bienestar de los israelíes, que aparentemente son totalmente incapaces de vivir simplemente en una sociedad igualitaria. Estoy enojada porque me han dicho que insistir en el derecho de retorno no es un motor de arranque, porque simplemente no sería conveniente, y yo no tengo que preguntar “¿no es conveniente para quién?”

Estoy enojada por el hecho de que algunas personas todavía me dicen que debería sentirme afortunada de estar en los EE.UU., en lugar de en Palestina. Y por el hecho de que tengo que explicar que si ese es el caso es debido a que Israel, que se supone que es la “democracia” que tanto admiran, me quiere muerta.

Estoy enojada con el hecho de que en este Día de la Nakba de 2017 los activistas de los EE.UU. todavía organizan eventos sobre Palestina solo con oradores judíos. No voy a participar en los llamamientos públicos a este tipo de eventos, pero de nuevo, ¿alguien pondría en un evento del Movimiento por las Vidas de los Negros sólo oradores blancos? Más seriamente aún, ¿aceptarían los blancos antirracistas ser los únicos oradores en un Movimiento por las Vidas de los Negros con la misma firmeza que los judíos antisionistas aceptan ser los únicos oradores en un evento de derechos pro palestinos? Hemos sido tergiversados, hablaron por nosotros por demasiado tiempoy nuestros aliados son los que tienen que parar esto. Todo lo demás continúa con nuestra negación.

Básicamente estoy enojada porque quiero ser normal y sin embargo, la normalidad me elude, y yo quiero ser posnacionalista, incluso si a Palestina no se le ha permitido convertirse en una nación. Y estoy enfadada con el hecho de que, a pesar del siglo de abuso, somos un solo pueblo (sí, un pueblo) al que nunca se le permite estar enojado.

Este año no quiero ser agradecida por ser una sobreviviente “agradable.” Quiero el derecho a estar enfadada.

Y quiero celebrar mi justa ira y la ira de todos los que están indignados por la injusticia, ya que sin esta rabia sólo habría dolor, tristeza, derrota. Pero somos sobrevivientes y que esta ira, canalizada en la organización y el activismo, asegure las victorias que hemos estado esperando.

Sobre el autora: Nada Elia es una académica palestina y activista, escritora y organizadora de base que actualmente completa un libro sobre el activismo de la diáspora palestina.

Tomado de la web: http://info.nodo50.org/

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