Panamá

Leer las páginas de un libro llamado Mundo

(Cebaldo) Ahora que tantas cosas pararon o quedaron suspendidos, por esta crisis sanitaria,  y entre ellas el de viajar o caminar y andar por el mundo, me encuentro “viajando” leyendo libros, viendo filmes, escuchando canciones,  organizando fotos, imaginado mundos….

(Jorge) Para quienes podemos, este paro obligado se ha convertido en la oportunidad de abordar aquellos temas que siempre relegábamos, lecturas por ejemplo…

(Cebaldo) Y  en la capa de uno de los libros que ando leyendo – “Una idea de la India” de Alberto Moravia, me encuentro una cita de   Agustín de Hipona, “el mundo es un inmenso libro del cual aquellos que nunca salen de casa, leen apenas una pagina”.

Ilustraciones de Ani M. Ventocilla King.
Ilustraciones de Ani M. Ventocilla King.

Y pienso también en nuestro amigo Mulugeta Amaru Megersa, el hermano que nos concedió la entrevista en la Luna Llena de julio,  en sus palabras y en su tarea de caminante, y de cómo me encantaría un día acompañarlo en un pequeño trecho.

(Jorge) El Mulget anda bien, feliz de estar en Gamboa, “un pueblo con tantos mangos” como dice él. Me lo crucé en estos días que salimos a caminar. Pasó trotando, con su sonrisota siempre. No descuida su entrenamiento. 

(Cebaldo) Y eso me hace pensar, en los amigos que fui encontrando y conociendo a lo largo de mi vida como viajero.  A veces me pregunto si volveremos a encontrar a los amigos que un día se cruzaron en nuestros viajes? Tal vez nunca más. ¿Qué nos unía? Quizá solo el privilegio de viajar juntos, de una conversación en una noche de estrellas. Sin embargo habitan en nosotros, junto con los espacios y los silencios compartidos, y las sensaciones difíciles de contar, de describir, pero imperturbables.

Nunca olvido, por ejemplo,  al motociclista uruguayo, que encontramos, junto con Xerardo Pereiro, en una islita de Kuna Yala,  tenia semanas esperando una embarcación que le habían prometido lo llevaría a Cartagena, Colombia y de allí seguir por el sur….hasta su Montevideo querido.  En una chocita, estaba su “Suzuki 500”, esperando mejores días.  Venia desde Alaska, y había llegado a la isla Digir en un bote de unos vendedores de la costa colonense.  Donde andará nuestro amigo volador?

Pocho y su "Suziki 500" en una aldea kuna.
Pocho y su “Suziki 500” en una aldea kuna.

(Jorge) Para viajar entre Centro y Suramérica, sea a la ida o a la vuelta, por las islas kunas pasan los viajeros-mochileros con documentos en regla. Por las selvas del Darién los migrantes “ilegales”. Los migrantes, ese río de gente que hoy discurre en muchos países, de coyote en coyote, sin que la mayoría de la población de los países que cruzan sepan de su presencia. 

(Cebaldo) Y me voy preguntando estas ganas que muchos tenemos de partir, de conocer otros ríos, de ser nómadas, como otras veces, ser sedentarios y quedarnos en casa,  sin salir de la primera página  del “libro del mundo”. Guiarnos por otros tiempos,  que no del reloj, sino por el sol, la luna, las estrellas,  o por historias que nos contaron, o leímos, o imaginamos.  Aprender a leer las nubes, los amaneceres,  los sonidos del mar, sus diferencias.

(Jorge) Pues te digo Cebaldo que el mayor reparo que le tengo al celular, reconociendo todas sus ventajas, es que ya no nos podemos perder. Somos cien por ciento ubicables. Y por más lejos que viajemos seguimos “atados” – conectados se dice hoy,  a los puertos donde partimos.

(Cebaldo) Creo que uno lleva o no, desde niño, eso de viajar. Por lo menos yo desde que tengo uso de corazón. Será por lo de mis ancestros que por muchas razones, dolorosas y otras menos, tuvieron que partir de sus regiones de origen y fueron caminado, navegando, amando otras nuevas tierras, hasta llegar a este hermoso archipiélago.

Este año 2020 una de los planes era un viaje a Mongolia; volar de Porto a Moscú y después en tren de Moscú a Ulán Bator, la capital de Mongolia.  Recorrer con amigos y colegas algunas aldeas y recordar nuestros días de estudiantes en la antigua URSS.  No fue posible. Quién sabe algún día.

Últimamente  siento que los años van dictando las agendas,  y lo que quisiera  es sentarme en un restaurante/café de mi aldea caribeña, en el “Aneda”,  a observar los cayucos que surcan nuestro mar,  y se dirigen al río; a los niños en el muelle jugando a que pescan y pescan de verdad, peces y palabras; a ver el verde del bosque dule, como un gigante que nos cuida, y escuchar las voces de amigos entrando al café y  contándonos sus últimos sueños.

Ilustraciones de Ani M. Ventocilla King.
Ilustraciones de Ani M. Ventocilla King.

Sí, eso será el próximo viaje,  el regreso a  mi río Abudi y el contarle de mis viajes!

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Cebaldo Inawinapi y Jorge Ventocilla

Agosto 2020

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