Panamá

El silencio de la poesía

En el Día Mundial de la Poesía, y en el marco de la crisis mundial de salud, sugiero una idea, contradictoria, pero que pretendo nos ayude a razonar y darle sentido a lo que nos está pasando. La poesía sirve para todo, es verdad; pero en estos momentos pareciera que no nos sirve para nada. Sería genial que sirviera para erradicar el Covid-19. Sin duda, ahora mismo, una pastilla de jabón o un frasco de alcohol son más útiles que un libro de poemas.

Hay una noción sobre el objetivo de la cultura que suelo usar: la cultura, en sí misma, no es más importante que una vacuna. La cultura no es la panacea ni el antídoto para combatir los males del mundo. Sin embargo, la ciencia y la tecnología son parte de la cultura y es por eso que cada cosa en el mundo tiene su propósito. En estos momentos, un poeta puede ser tan necesario como un científico. Es el momento en que la poesía trabaja en silencio.

Con la aparición del Covid-19 hemos podido ver cómo las personas desde las redes y en sus balcones han ideado la forma de mantenerse animados, para bajar las tensiones que la crisis ha provocado. Todo esto lo han logrado desde la cultura. Desde cantar en un balcón o tocar el acordeón para que el vecino escuche (un vecino que tal vez no conocían), hasta la realización de un meme o un video jocoso; las instituciones culturales se han organizado para llevar actividades al hogar; los intelectuales han hecho reflexiones interesantes; todo esto es parte del entramado social que se logra desde la cultura.

En medio de la crisis, los seres humanos han ideado formas de supervivencia que van más allá de la necesidad de consumir cosas; han construido una red de comunicación social donde la cultura ha sido clave para resistir. Tal vez esta es una de las misiones de la cultura: ayudarnos a resistir. Sin esa transmisión cultural la humanidad soportaría con más dolor la crisis. Cuando salgamos de esta, porque lo vamos a lograr, estaremos capacitados para crear un manual mundial de emergencia social desde la cultura.

Desde la cultura hemos sido capaces de darnos cuenta lo frágiles que somos y lo egoísta que hemos sido. Nuestra vulnerabilidad y arrogancia han sido vencidas. El jabón fenicado nos ayudó a darnos cuenta de lo inútil que es nuestro narcisismo y ese nihilismo vacío. ¿Será posible que al lavar nuestras manos para matar el virus hayamos lavado también nuestra falsa moral?

Qué puedo escribir yo en el día de la poesía que no hayan dicho mejor Edna Rueda Abrahams, William Ospina o el filósofo Slavoj Zizek. En algo parecemos concluir todos los que tenemos un gramo de pensamiento crítico: es el momento de construir una nueva ética del cuidado; construir un nuevo ecosistema basado en la empatía y la solidaridad. Al menos, eso deberíamos de haber aprendido con esta lección que nos está dando la naturaleza.

En algo concuerdo con Slavoj Zizek: el coronavirus presenta también la oportunidad de tomar conciencia de otros virus que se esparcen por la sociedad desde hace mucho tiempo. Quizás el ser humano es su propio virus y no se ha dado cuenta. Y por eso es hora de reinventar una sociedad basada en una nueva ética ecológica, científica y cultural. Una sociedad alternativa basada en cuidarnos mutuamente que es el verdadero sentido de vivir en sociedad. Ya hemos comprobado que las grandes ideologías, el crecimiento del producto interno bruto, el capitalismo salvaje, el desarrollo ciego, no son una garantía para cuidar de la salud de la humanidad.

La necesidad de ayudarnos y cuidarnos han sido un requisito para sobrevivir. Todos hemos necesitado de alguna forma del otro. Esa reciprocidad silenciosa lo logra la cultura. Ojalá no hagan falta más pestes para que entendamos que el verdadero virus está en nosotros mismos, pero que podemos vencerlo. Ojalá el aislamiento y los toques de queda nos ayuden a comprender que nos necesitamos de manera recíproca. Tal vez el silencio de la poesía viene a decirnos hoy que todavía tenemos una oportunidad.

Por: Carlos Fong. El autor es escritor y encargado de la Oficina de Promoción de la Lectura en MiCultura

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