Internacional

Opinión: Trabajo digno o indignante

Se escucha decir que el trabajo dignifica al humano, pero en qué medida dignifica o desmerita la condición humana al introducir a los individuos a un sistema que sólo los contabiliza como números productores.

¿Dónde está la dignificación en condiciones labores que someten a los empleados a condiciones insalubres, sin seguridad ocupacional, maltrato verbal o hasta físico? No se puede considerar que la dignificación sea simplemente trabajar para obtener recursos económicos. Eso viene a ser mero palabrerío que busca justificar la explotación laboral por parte de los grandes empresarios.

Se ha vendido una falsa idea que soportar las malas condiciones laborales nos hace buenos empleados y por ende buenos ciudadanos a expensas de generar riqueza para ciertas minorías que históricamente se han lucrado de los más desfavorecido. No, la dignificación se materializa en la realización personal del individuo, en cuanto se siente completo, sano y útil en su función dentro del sistema productivo de un país.

Lamentablemente, los sistemas laborales denigran a los empleados y los catalogan como seres desechables. Bajo ese sistema opresor y con escasos espacios laborales, la fuerza de trabajo se encuentra obligada a soportar las rudas condiciones.

Latinoamérica es por ejemplo, víctima histórica de  la explotación laboral que hundido la región en miseria y desigualdad. Hemos sido reducidos a generadores de riquezas que no aportan a nuestros países sino que incrementan las ganancias de las transnacionales.

Estos sistemas inhumanos son amparados por los sistemas educativos que se encargan de formar la mano de obra barata, y dejan a un lado el verdadero fin transformador de la educación  en la sociedad.

Ante ese panorama urge que  la lucha sea continúa, y es que aunque se han alcanzado grandes logros en materia de cumplimientos de derechos laborales, aun falta mucho sobre todo para los empleados de las empresas privadas que enfrentan serias condiciones de explotación.

Muchas injusticias se mantienen en la actualidad como despidos injustificados, acoso sexual, desigualdades, jornadas laborales excesivas, trabajo infantil y otras. En ese sentido, la lucha es continúa y debe ser perpetua.

Se requiere una constante evaluación a fin de proseguir con la concreción de los derechos inherentes de la fuerza laboral que pese a ser el motor que dinamiza las economías son los más vulnerables en un sistema desigual.

Se requiere una lucha verdadera y cohesionada de toda la fuerza laboral, donde cada trabajador o trabajadora contribuya al cumplimiento de los derechos y no a regalías y favoritismos dentro de la clase obrera.

El verdadero triunfo se da cuando la clase trabajadora no se deja comprar y sede a las tentaciones de los mandos que sólo buscan perpetuar el sistema desigual de explotación laboral.

No debemos olvidar el poder que está en nuestras manos laboriosas, la fuerza que se genera con nuestro sudor latinoamericano y la riqueza que nace de la clase trabajadora justa y digna.


Francisco Javier Iraheta (El Salvador)
Equipo editorial del Programa Radial Días y Flores (Radio 10/Panamá)

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