Panamá

Y al sueño, ponle alas

[En esta su séptima Luna, Jorge y Cebaldo empiezan a dar forma a un viejo sueño recurrente y compartido: navegar en travesía por las islas de Kuna Yala, en función de reunir y compartir la mayor prueba de la existencia del ser humano, la poesía].

(Jorge) Bueno hermano, seamos serios y demos vuelo a aquel sueño de una travesía poética por las comunidades kunas – ese viajar a vela de comunidad en comunidad, recibiendo y compartiendo lo escrito por la pléyade de poetas y poetizas que habitan el archipiélago.

(Cebaldo) Desde niño cargo el sueño de ser marinero, de navegar por los mares del mundo, que dicen son siete, como lo hicieron Sam, Chaly Robinson, Wigubinabaler, Susu Manuel y otros legendarios marineros vaporinos kunas. Ya no será posible; ya no se acercan vapores a las islas buscando tripulación. Hoy tan solo espero un día recorrer en un cayuco, a vela, de La Miel a El Porvenir. Y tratar de escuchar o leer una noche en la costa, los cantos, los rumores, los mensajes que la luna, las estrellas y el viento me envíen. O tan solo contrabandear poemas de isla en isla. ¡Pero en un cayuquito a vela!

(Jorge) Aterricemos pues en la Luna, Cebaldito. Sentipienso que como buenos navegantes, son tres los asuntos principales que debemos organizar:

Medio de trasporte y tripulación
Recorrido (agenda mínima de puertos donde recalar)
Equipaje
1.

¡Claro que tiene que ser en bote de madera, y a vela! Labrado en un solo tronco y de mediano tamaño. Ya navegado, es decir con sus parches y acostumbrado a remontar tumbos y oleajes. Pintado en amarillo, negro y rojo, como un buen urgakur tradicional.

(Cebaldo) En realidad Coqui, he recorrido varias veces toda la costa comarcal. Alguna vez solo, otras en compañía de amigos, pero siempre en un cayuco con motor fuera de borda o embarcado en un barco de cabotaje y haciendo trabajo de campo. Ahora la historia es distinta: navegar por el archipiélago de isla en isla en un cayuco a vela, y que sea el viento quien comande los días.

Fíjate que los cayucos forman parte de la memoria y la historia de los Guna, desde que nuestros ancestros empezaron a bajar por los ríos desde las montañas de tierra firme hasta las islas. Ahí cambiaron formas y técnicas de navegar. El urgakur es de mar; el ulachuy, más delgado, de río. …Hay mucha complicidad entre esas “esculturas que navegan” y los habitantes de las islas.

Hablando de esto hermano, ¿sabes adónde van los cayucos cuando envejecen? Pues continúan viviendo sus días cerca de sus amigos: en la fiesta de la inna, donde son usados para contener la chicha fuerte; en los baños medicinales, cuando en ellos se vierten agua medicina vegetal; y en el último viaje, hacia el cementerio en tierra firme, donde la Matria final. Es decir, un cayuco es más que un recurso o instrumento de trabajo o de viaje: es un aliado, un amigo, un cómplice.

Y sí, me imagino un gran velamen para nuestro cayuco, de manta resistente. Los niños de las escuelas o aldeas que visitemos lo podrían pintar, ilustrar. O escribir sus cuentos encima. Preferimos pues en cayuco y a vela, para que el viaje sea lento, sin prisas, disfrutando más de los paisajes y los encuentros.

(Jorge) El capitán: nuestro hermano el Avelino Pérez, de Carti Sugdup, claro está. De grumetes llevaremos al Achu Garra, al José Angel Colman y a ese loco lindo que le dicen dizque “Ologuagdi” Va a faltar lugar para tanto voluntario …¡Pero que no falten sirenas Cebaldo, que son ellas las mayores y mejores creadoras! De no ser por las mujeres y por el lado femenino de la vida, hace rato que hubiéramos naufragado.

(Cebaldo) Me quiero imaginar que además del mar y el cielo estrellado y la luna, la selva dule será nuestra guía aliada durante el viaje.

2.

¿Qué ruta seguir, me preguntas? Seguiremos una ruta invisible, de olores y sonidos y sabores. Quién sabe si en el viaje encontremos el olor de unas tinajas a punto de fermentarse que nos indique el camino, sus estaciones y recodos…

(Jorge) Propongo que empecemos la travesía por el lado de donde sale el Sol. Partiendo de la comunidad de Armila, aquella donde nos tomamos la foto con la tropa de niños teatreros que aparece en la Luna Llena de agosto pasado. E incluso, que al principio caminemos, no naveguemos. Vayamos a pie por la orilla de la costa, desde Armila hasta Carreto. He vagado extasiado por varias costas, pero …¡cómo permanecen aquellas costas aisladas!

(Cebaldo) Fue de Puerto Obaldia a Armila, y de Armila a Anachucuna. Entre la basura que llegaba por el mar encontramos una tortuguita herida, sola y perdida. Me acuerdo que la entregamos a Nacho, el dule que cuida con su comunidad, en Armila, las tortugas marinas. Él después la llevó a la aldea y pasado varios meses, me cuenta, la devolvió al mar. ¿Dónde nadará nuestra tortuguita, Manuelita? Que sea su memoria quien nos recuerde siempre la alegría de los paseos, de los viajes y de las sorpresas.

Al llegar a Carreto ahí sí empezaremos a navegar. Primero para llegar a esa isla tan particular, con forma de ballena: Dupac. La única “isla verdadera” de la Comarca – las demás son, en realidad, islotes coralinos – habitada, con un pequeño río y una montaña de la que se cuentan historias en toda la Comarca. De niño pasé muchos veranos en Dupac, jugando y escuchando cuentos.

Dicen las revistas, la información oficial, las propagandas turísticas, que el Archipiélago Guna lo componen 366 islas e islotes. Nosotros sabemos que son más, que algunas no están en esta lista oficial. Y que otras islas solo aparecen cuando son miradas con ojos de asombro o enamorados. Lugares de refugio, locales de encuentros mágicos, sitios para pescadores y poetas. Más de una isla de ésas espera a los viajeros.

(Jorge) Para armar el recorrido debemos volver a leer las memorias de Ernesto Cardenal: “Las Ínsulas Extrañas”, su segundo tomo. Cardenal, el gran poeta nicaragüense que visitaba a los kunas en la década de 1960. Volvamos un poco tras sus pasos ya que debe haber aun gente que lo conoció. Debemos bajar en Guebdi, la isla del poeta Turpana, para ver si conservan aquella biblioteca milagrosa que hacia levitar al niño Arysteides, hace más de 60 años. La vi con mis ojos hace 22 años.

En Ustupu también amarraremos nuestro cayuco. Para visitar a tu mamá y a tus tías, aquellas mujeres que con sus risas escandalosas espantaban las gaviotas. Y busquemos en sus calles a los mayores para que nos vuelvan a contar de las visitas de Eleodoro…

(Cebaldo) De los sitios que me gusta visitar en las islas – además de la Casa Grande, el Onmaket Nega – están las bibliotecas. Se que en muchas comunidades ya no existen o están abandonadas. Pero siempre encuentro una abierta, resistiendo al tiempo y al olvido. ¿Qué historias nos contarán estas casas con libros? O con viejos periódicos de ayer, o fotografías ya sin color.

Cuando lleguemos a Narganá/Yandup, y desde el puente que la une a Akuanusadup, nos detendremos a sentir y observar el monte Ibedón, que dicen es uno de los mayores de la Comarca. Es lugar sagrado, un galu, refugio de animales, aves de plumas multicolores y duendes juguetones. Toda la cordillera Guna, es territorio sagrado porque es propiedad en común y ofrece generosamente frutas, aguas y plantas.

3.

(Jorge) Poca cosa en el morral, mejor. Las personas mayores suelen recalcar que la vida es un constante aprender a viajar más y más ligero de equipaje. ¿El combustible? Pues ya lo hemos acordado: el céfiro vagoroso que recorre la superficie del Mar Caribe en horas del amanecer. Las travesías entonces empezarán temprano, a poco de brindar con madum. Pero llevemos un sextante, por si nos perdemos de noche y haya que guiarse por las lumbreras del cielo. Y llevemos también libros publicados por dules. Y dibujos de los niños de cuando los Talleres de Arte Infantil Kuna de la década de 1990 …conservo varios. Busquemos a sus autores, hoy ya adultos, en Ailigandi, Ogobsucum, Playón, Sugdup, para que se asomen y se vean de niños en el espejo de sus dibujos. Y poesías, claro, muchas poesías impresas, de otras aldeas del mundo, de muchas partes. (Cebaldo) Siempre que empiezo un viaje pienso si volveremos a encontrar a los amigos que un día se cruzaron en nuestros viajes. Tal vez nunca más. ¿Qué nos unía? Quizás solo el privilegio de viajar juntos, de una conversación en una noche de estrellas… A veces estas personas siguen habitando en nosotros, junto con los espacios y los silencios compartidos. Así como las sensaciones, difíciles de contar, de describir, pero imperturbables.

¿Será que viajamos para encontrarnos con nosotros mismos? Creo que, como dice Javier Moro, “…los viajes son una metáfora, una replica terrenal del único viaje que de verdad importa: el viaje interior”

Y hacer la travesía para agradecer también al mar, al bosque, al río; a las generaciones de kunas y no kunas que fueron construyendo este lugar; a los generosos jóvenes del 25; a la vida, por este viaje por los meandros del azul, de las aguas y de la risa.

Y recordemos que una aldea, una isla, una comunidad, es tan importante como un país. El tamaño, la escala, no importan. Importan los asombros, las sorpresas, los descubrimientos y las conquistas que logramos.

¡Que la memoria sea nuestra cámara fotográfica! Guardar los momentos íntimos. Quién sabe, quizás de ellos nacerá un libro; o historias para seguir contando esta aventura que no acabará mientras existan cayucos, poetas, mares y amistades… (Jorge) Así sea. Alas a los sueños, hermano. Que aunque somos eternos cada vez que volvemos tenemos el tiempo contadito. Vuelan abrazos a todos.

Por: Cebaldo de León / inawinapi.com

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