Panamá

Recordando el trabajo de Héctor Gallego, a 47 años de su desaparición

Durante la década de 1960, un alto porcentaje de las comunidades campesinas panameñas carecía de los servicios básicos como agua potable, luz eléctrica, carreteras, centros de salud, entre otros. Las promesas electorales eran eso, promesas electorales, incumplidas por quienes las hacían.

La provincia de Veraguas estaba entre las provincias más ‘pobres’ y entre ellos estaba el distrito de Santa Fe. Santa Fe se encuentra a sesenta kilómetros de Santiago, al no haber carretera, las dificultades eran mayores para la movilización y poder llegar a Santiago su cabecera.

Durante la década del 60 fue creada la Diócesis de Veraguas, y se nombra como obispo de la misma a monseñor Marcos Gregorio McGrath. Los jóvenes panameños que deseaban estudiar para sacerdotes asistían a seminarios en Colombia, es así que monseñor McGrath hace una visita al Seminario de Medellín, donde había algunos panameños en el mismo. Así conoce Héctor a monseñor McGrath.

El obispo panameño motivaba a los seminaristas a que vinieran a Panamá y señalaba, que ‘nuestra diócesis está en estado de emergencia. Tenemos urgencia de apóstoles del Señor, de jóvenes audaces y decididos a correr la aventura del Evangelio, ¿¡Quién se atreve!?’. De esta manera monseñor McGrath retaba a los jóvenes seminaristas, próximos a ser ordenados sacerdotes a que visitaran Panamá. Héctor acudió al llamado y llega a Panamá el 27 de febrero de 1967, en calidad de diácono procedente de Antioquia.

Héctor viaja a Santa Fe, y lo primero que realiza es visitar a la autoridad del lugar, en este caso al Sr. Álvaro Vernaza. Hace un recorrido por las comunidades que conforman el distrito, observa las condiciones socioeconómica de las familias, la dependencia que tenían los campesinos de los terratenientes del lugar. Luego él regresa al seminario de Medellín, más flaco que nunca, pero sonriente y seguro de su vocación sacerdotal. Los obispos de las dos diócesis que tenían que ver con su futuro, el obispo de Veraguas y el de Medellín, decidieron no dudar más al verlo tan convencido y hacer su ordenación. Así lo describe María López Vigil en el libro ‘Héctor Gallego, está vivo’.

La preocupación de sus padres no se hizo esperar, la cual le fue manifestada de diversas maneras. Pese a las dudas por su seguridad, ya que Héctor era el primogénito de Alejandrina y Horacio Gallego, integrante de una familia numerosa. A los 29 años Héctor es ordenado sacerdote y de inmediato viaja a Panamá y es nombrado el primer párroco de la Iglesia de Santa Fe.

El método de trabajo utilizado por Héctor se basó en lo siguiente, primero ganar la confianza del campesino hacia él. Esta confianza la gana viviendo entre ellos, trabajando con ellos y participando de las actividades realizadas por ellos.

Otro aspecto importante en el trabajo de Héctor fue lo que hace poco Jacinto Peña resaltaba en una entrevista televisiva cuando decía: ‘Héctor nos enseñó a pensar’. ¿Cómo hizo Héctor para lograr tal objetivo que hoy, luego de 47 años, Jacinto lo recuerda? María López Vigil nos dice: ‘Héctor convoca a la primera reunión a la cual asisten campesinos de las comunidades, e inicia solicitando la presentación de cada uno, lográndolo con mucha dificultad, porque tienen temor hasta para pronunciar su nombre’.

A los campesinos no se les escuchaba, solo prevalecía la burla y humillación por parte de los terratenientes hacia ellos. Al solicitar que alguien leyera el Evangelio, no hubo respuesta, Héctor lee el texto que dice: ‘Felices los pobres porque de ellos es el reino de Dios…’. Luego de muchas interrogantes de diversas maneras nadie se atrevía a decir nada. El silencio era el compañero de aquel grupo de ocho personas, todas hombres que habían acudido al primer llamado. La reunión termina sin haber conseguido ninguna participación.

Héctor no desmaya e invita a otra reunión en la cual plantea que, en vez de leer la Biblia, la reunión sea para leer las páginas de la vida, en el libro de nuestra realidad a partir de hechos vividos, como lo fue la muerte de la niña Clarita, en base a ello hubo una mayor participación y se logra la reflexión de manera colectiva y la misma permite una mejor comprensión de su realidad. Este método es el que permite lograr conciencia y hacer avanzar en la búsqueda de una mayor participación del campesinado.

El otro aspecto logrado en este proceso dirigido ya no solo por Héctor, sino por los responsables de cada comunidad, permitió la colecta de 18 pesos y con ello acordaron comprar un quintal de sal, este quintal de sal da inicio a la Cooperativa Esperanza de los Campesinos, que aún sigue sirviendo a la comunidad santafereña.

‘Fue en aquellos años, teñidos de sangre y sacrificios, sellados por profundas convicciones y esperanzas, años de euforia teológica y de innovaciones pastorales, que Héctor Gallego caminó por las trochas bravas de Santa Fe de Veraguas. En apenas tres años de itinerario, aquel hombre, de apariencia insignificante, transformó un remoto rincón del campo panameño y el corazón y el cerebro de mucha de sus gentes. Y conmovió a todo Panamá. Un auténtico record pastoral. Tres años: como Jesús’. María López Vigil. Gracias, Héctor.

Por: Nelva Reyes. Secretaria general de la Central General Autónoma de Trabajadores de Panamá (CGTP)

Gráfico: Fernando Peña Morán

Previous post

Panamá. DPI, UPOV y Tratados de Libre Comercio

Next post

Guatemala: Impunidad, criminalización social y represión

No Comment

Deja un comentario...