Panamá

EL DESNUDO COMO TÁCTICA POLÍTICA

Pensarnos en desnudo es un viaje obligado al libro de Génesis con Adán y Eva, donde la especie humana se siente condenada en el pecado de haber comido del fruto prohibido. No exagero, nos incomoda hablar de muchos temas, entre esos la desnudez asusta.

Hace unas semanas, un candidato independiente, al presentar su postulación para diputado se desnudó ante las cámaras de televisión, argumentando que su campaña sería “transparente”, sustentando así su accionar en una analogía poco comprendida por lo que se percibió de sendos comentarios. En tanto, a muchos kilómetros de distancia, hace un par de meses, un grupo de feministas se manifestó con el torso desnudo ante la catedral del Buen Pastor en la ciudad de San Sebastián, España, en respuesta a las palabras de un Obispo, quien aseguró que el demonio había metido un gol desde las filas al feminismo radical.

Asociar el desnudo con algo pecaminoso o inmoral, es igual que el desprecio al placer sexual, limitándolo a la función reproductiva, son expresiones de una patología religiosa que tiene su origen mucho tiempo atrás, propio de inquisidores, de asesinos, que no parpadean para matar y apoyar guerras, genocidios y modelos avasalladores. Es una asociación entre religión y no libertad, opina Carlos Montúfar Talavera, actor y defensor de derechos humanos, quien ha usado el desnudo como artista, con un enfoque social, como trabajador cultural y artista político, porque asegura, es una necesidad de emancipación y liberación, que cuesta por esa imposición de moral basada en la hipocresía, y ese derecho individual a ser que nos es vedado.

“A través del desnudo del cuerpo, sea flaco o gordo, esa expresión desnuda, es un sentimiento bello de libertad”, recita Montúfar, quien reside en Europa, y entró en contacto con el desnudo a nivel artístico a principios de los años 90, por la influencia del teatro de danza japonesa “butoh”, un abanico de técnicas de danza creadas en los años 50 por Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, conmovidos por los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, quienes comienzan con la búsqueda de un nuevo cuerpo en la postguerra. Otrora, las imágenes de supervivientes llenaban las calles, con las consecuentes secuelas.

Es de imaginar como entre globos oculares deambulantes y pieles quemadas nace esta reflexión sobre el cuerpo, con movimientos lentos, expresivos e imaginativos que abarcan aspectos de la existencia humana, transición entre estados anímicos y cambios de la forma física en formas variadas, habitalmente expresado en cuerpos desnudos o pintados de blanco.

Sin duda, la desnudez puede ser un acto de protesta, de ir contra la autoridad moral impuesta por un sistema donde dominan las minorías que ostentan el poder. La pregunta que ronda a no pocas personas en torno a estos actos, es ¿cuándo un desnudo tiene un carácter político?

A comienzos del siglo hubo varios candidatos presidenciales o parlamentarios europeos con campañas anticorrupción con el lema “nada que ocultar”. Salían en afiches desnudos, de lado, con las manos puestas de forma que le tapaban los genitales, sin que pareciera que eso era lo que hacían. “Me parecieron ingeniosas, y fueron efectivas”, recuerda la investigadora Ángela Figueroa.

Figueroa sigue escarbando en su memoria, y viaja a dos décadas antes de ese suceso, de donde trae la campaña (exitosa) de Anna Ilona Staller, la Cicciolina, que salía con solo una boa cubriendo muy poco de su cuerpo. También sacó un poster con una teta afuera. Ella era una popular actriz porno que se postuló a candidata al Parlamento Italiano y fue electa. Fue una celebridad internacional en los años 80.

“Luego hubo otro desnudo en Cataluña por el año 2005, 2006, por ahí… En 2017 y lo que va del 2018 ha habido muchos. Y también está el tema del uso de la desnudez en acciones de grupos feministas. Ha habido muchas instancias en montón de países desde los 70s. He visto acciones de mujeres desnudas impactantes para denunciar la violencia machista, por ejemplo. Ah, otro tema que ha sido bien tratado por feministas con acciones al desnudo ha sido la deconstrucción de la normalización de los cuasi esqueletos femeninos como el ideal de belleza.” Ángela lamenta no recordar más, mientras callo al ver bajar tanta historia en cascada.

En una conversa feminista, me afirma que la desnudez como táctica es válida, -aunque no se aventura a llamarla estrategia-, tiene que ser bien pensada y ejecutada, tener claros los objetivos que se persiguen y que se evidencie que se hace para crear conciencia, no para crear morbo.

Y es que esto de evitar el morbo no parece ser cosa fácil. Montúfar, quien ha vivido la mayor parte de su vida en Suecia, explicó que en ese país se tiene una percepción del cuerpo y el desnudo muy diferente a como lo tenemos en América Latina, es así que en el verano se puede estar desnudo en los parques, se comparten los saunas, sin que eso signifique algo sucio, pecaminoso o subversivo.

Para Pato Esquivel, activista y defensor de derechos humanos mexicano, la desnudez no es mala, aunque está claro que se podría convertir en un asunto moral que puede ser combatido con una estrategia bien planificada, donde debería quedar claro, -previo a desnudarse-, el por qué se hace, para que el mensaje sea claro.

Esquivel, quien ha participado en protestas por la protección de ciclistas en la Ciudad de Guadalajara, Estado de Jalisco, México, detalla que como al colectivo de ciclistas les interesó enfocarse como un asunto político, se plantearon primero que como ciclistas se sentían desnudos ante el tráfico, sin suficientes ciclovías, sin protección.

“Entonces la desnudez es para que me veas que transito, porque cuando estoy vestido no me ves y me atropellas. Por ello las calcomanías en la espalda giran mensajes en torno a esto. En resumen, colocas la expectativa con un anuncio, de tal forma, en los medios de comunicación, por supuesto lo esperado, el morbo, y como fue previo, la gente tuvo el tiempo de cuestionar, y en ese momento, se dieron entrevistas. Es decir, si me desnudo y después explico, o al momento que estoy desnudo explico, a lo mejor se puede ir por el lado del morbo. Lo otro es que no es lo mismo un desnudo colectivo que un desnudo individual, porque genera apoyos diferentes”, argumenta.

Son diversas las experiencias de una parte del planeta a otra, lo cierto es que en materia de desnudez como táctica política, si bien no hay recetas, hay conocimientos acumulados que orientan hacia una adecuada incidencia si estimamos que el desnudo es lo indicado para manifestarnos. Al final, el cuerpo también es un territorio en disputa, y la protesta, un acto encaminado a la libertad.

Texto de Sharon Pringle Félix
Foto de Esteban Binns Ubia Uäi Jä


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