Feminismo

La violencia de género es el resultado de la desigualdad estructural

EL ÁREA DE MUJER DE IU DEBATE SOBRE LA VIOLENCIA PATRIARCAL DESDE UN ANÁLISIS FEMINISTA

No se puede reducir la violencia de género a las relaciones de parejas o ex-parejas. Los asesinatos son sólo la punta del Iceberg. Las mujeres sufren una violencia que es el resultado de la desigualdad estructural en forma de discriminación económica y de salarios, violencia psicológica, violencia sexual, custodia compartida en casos de maltratos, prostitución, vientres de alquiler, jueces con sentencias que ahondan en la impunidad, delitos en las redes, mutilación genital, matrimonios forzados y por dote, trata de mujeres, pornografía, acoso en lugares públicos y muchas más formas de violencia no física. Esta fue la caja de Pandora que se destapó en las Jornadas sobre “Violencia patriarcal desde un análisis feminista” que organizó el Área Federal de Mujer de IU con la colaboración del Partido de la Izquierda Europea.

El 27 y 28 de enero, más de 150 mujeres de una veintena de organizaciones del Estado español y otros países de Europa y América Latina, debatieron sobre las bases sobre las que se asienta el patriarcado.

Maite Mola, como Coordinadora de la Permanente del Área Federal de la Mujer de IU fue la que presentó las jornadas. Luisa Posada Kubissas, profesora de Filosofía de la Universidad Complutense y del Instituto de Investigaciones Feministas de dicha universidad inauguró las jornadas partiendo de que “el discurso feminista es también la crítica del discurso político y cultural en el que estamos inmersas”.

Se habló de un pacto patriarcal dirigido a silenciar y hasta negar la violencia estructural contra las mujeres. También de “la justicia que actúa como un brazo armado del patriarcado”, como se vio en el caso de todas las Juana Rivas, de las condenas “ridículas” a maltratadores y del tratamiento a las mujeres en los tribunales. Se señaló “lo irrisorio que resulta que sólo el 22% de las denuncias acaben en condenas”. Y obviamente se analizó el Pacto de Estado y sus carencias, no sólo la presupuestaria sino el reduccionismo que hace de la violencia de género, eludiendo atajar las raíces del machismo y las desigualdades del sistema.

Se recordaron las movilizaciones de los últimos años, desde el Tren de la Libertad a la inmensa Marcha Estatal contra la Violencia Machista que tiñó Madrid de morado, pasando por las grandes manifestaciones del 8 M del año pasado. Pero también de las manifestaciones contra “La Manada” y las protestas por la reducción de los PGE. “La violencia sigue permaneciendo en el ámbito privado. Pero hay que llevarla a lo público, que es implicarnos todos, empezando por implicar a los tres poderes”, dijeron desde la Comisión de Investigación de Malos Tratos a las Mujeres.

Las trampas del capitalismo y los falsos derechos

“La prostitución, es decir, el consumo sexual por dinero, es una práctica de violencia incompatible con la igualdad” explicó la abogada Charo Carracedo en nombre de la Plataforma de OO.MM. por la Abolición de la Prostitución. “La despenalización supone la expansión de la industria de la carne”, como pasó en Alemania, algo que conlleva la aceptación pública de esas prácticas. El elemento estratégico fundamental para erradicar la prostitución, apuntó, es la penalización del proxenetismo lucrativo, con lo que se desactivaría el 90% de la actividad económica de la prostitución, junto a la visualización masculina de estas prácticas de explotación.

Marisa de Simón, parlamentaria de Izquierda-Ezkerra en Navarra, dio una vertiente de clase a la prostitución, identificándola con el capitalismo y el falso derecho de una persona a dominar y humillar a otra. La hija de Botín, dijo, follará con quien quiera pero no se prostituye, añadió. “Hablar de la libertad de las mujeres cuando no tienen otra opción es una falacia”.

Las trampas del capitalismo introducen interpretaciones pervertidas de los derechos de unos seres humanos sobre otros. Lo hace también con el intento de imponer el derecho de la paternidad sobre la mercantilización de la mujer. Lidia Falcón desmontó con grandes argumentos y pocas palabras el tema de los vientres de alquiler. “¿Es un derecho que a una mujer se la embarace y se le quite el hijo? No. Es una explotación”. Derecho, añadió, es el de abortar, pero no el de tener que ser padre o madre. “Eso es la perversión de la libertad, decir que somos libres para que nos prostituyan, para que nos inseminen… (…) Nadie puede entregarse libremente como esclava, prostituta, o vientre de alquiler porque tiene que prevalecer los derechos humanos y la dignidad”.

Lo que hay detrás de los vientres de alquiler es un negocio que se organiza en razón a las necesidades económicas de las víctimas. Y más aún, subrayaba Falcón, ahí “asoman los flecos de la supremacía racista, el ansia de transmitir mi código genético a través de mi semen y de mis óvulos”.

Los niños acceden a la pornografía a partir de los 8 años, explicó Rosa Cobo, directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de A Coruña. La edad ha ido bajando a medida que se ha facilitado su acceso a internet. A falta de una asignatura de educación afectivo-sexual, la pornografía se ha convertido en su herramienta de educación sexual, además de una vía fundamental de reproducción del patriarcado, de estetización de la violencia sexual, de hipermasculinidad y del refuerzo de los códigos de género mas patriarcales. Pero no sólo se transmite a través de internet, “estamos en un proceso de pornograficación de la cultura” con un bombardeo continúo de imágenes que los niños naturalizan. Y pornografía y prostitución, se dijo, son dos caras de la misma moneda, desarrollando un largo argumentario sobre su interrelación.

Pero además de denuncia se habló de soluciones, de prevención. Tanto en los colegios a través de la educación, como en las escuelas de padres, en el ámbito familiar, en la formación de los profesionales jurídicos, sociales, etc, en las universidades, y en la especialización en feminismo de los profesionales de los medios de comunicación, para que hablen de las causas de la violencia de género y no de los resultados.

Por: Gema Delgado / www.mundoobrero.es

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